dissabte, 7 de novembre del 2015

'El cadáver de Ana Fritz': uno de nosotros está muerto

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6,5
El cine pretende a veces cambiar el mundo y se olvida de una de sus funciones primordiales: la creación de microclimas. Estas pequeñas atmósferas, respirables o no, son vitales cuando hay una pantalla de por medio y necesitamos que el autor, los intérpretes y los espectadores inhalen el mismo aire. Ocurre algo parecido en la historia de la pintura. Un cuadro puede no ser muy ambicioso, pero sin embargo existe en él un brillo, un gesto, una textura, que nos traslada íntima y automáticamente al lugar de los hechos.
‘El cadáver de Ana Fritz’ es eso: una cuestión de piel. Un relato que nos acompaña al lugar de los hechos y nos hace sentir. Coordenadas low cost (cuatro actores, un solo escenario y apenas ochenta minutos) para resaltar lo verdaderamente importante: cosas que pasan, a quiénes les pasan y cómo reaccionan. Cosas que en un momento dado te pueden obligar a apartar la mirada, pero que no andan tan lejos de las zonas más cavernosas del telediario. ‘El cadáver de Ana Fritz’ es más cercana y verosímil de lo que sugiere su título, hábilmente gótico y novelesco.
El debutante Hèctor Hernández Vicens sólo necesita un par giros de guion, uno sobre la corporalidad y otro sobre la dialéctica vida-muerte –vamos a decirlo así, filosóficamente, para no herir susceptibilidades ni espoilear salvajemente como por cierto hace sin pudor el tráiler- para construir su pequeño episodio de Noche en la morgue. Hay imágenes radicalmente provocadoras y personajes que quedan atrapados en una madeja pesadillesca a la hitchcockiana manera, pero lo más valiente de la película, lo más original, es que no abandona la lógica realista, incluso cuando todo está perfectamente a tiro.
En el momento decisivo, Hernández se sirve astutamente de un señuelo clásico del terror, un guiño al tópico más tópico del género, para inmediatamente no obedecer esas reglas y proseguir con su exigencia de verosimilitud. Si querías ‘The Ring’, toma un thriller negro. Humilde y ponzoñoso como un pedazo de carbón. En vez de despeñarse por el susto fácil, permanece en la senda rectilínea y esforzada del ‘Que pasaría si…’, y en este punto queda para el espectador juzgar quién da más miedo, qué es lo normal y qué es lo inquietantemente anormal. Para estar muerta, hay que ver lo que da de sí Anna Fritz.
‘EL CADÁVER DE ANA FRITZ', DE HèCTOR HERNÁNDEZ VICENS
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dilluns, 2 de novembre del 2015

Divina ficción


Escena de la Creación, de Michelangelo (1508-1512)
Un cristiano, un sabio portugués, disertando sobre la narrativa y la necesidad de la ficción. Enamorados de la palabra, creyentes o no, leedlo.

Gabriel Magalhâes
‘Los caminos de la literatura hacia Dios. Sobre el valor de la ficción narrativa y del artificio retórico para la fe cristiana’. Lección inaugural del curso 2015-2016 del Iscreb, Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona. 28/10/2015

mentiras para decir la verdad
las ficciones tienen también una cuarta y curiosa finalidad: sirven para decir la verdad en un mundo que nos impone sus mentiras. Cada época existe bajo el peso, bajo las sombras de las falsedades que toca respetar en ese tiempo (…). Lo mismo pasa con el Quijote: en una sociedad de heroísmos oficiales, la novela de Cervantes nos permite reírnos un poco de esa heroicidad (…). La ficción es la verdad que se puede decir, declarándola de entrada como mentira, de manera que sea tolerable para los poderes fácticos de las grandes burlas sociales. Podríamos decir que los novelistas son un poco como los juglares, a los que se permiten cosas intolerables cuando son perpetradas por otras personas. En la ficción se incuba, en un sistema social, el proceso de llegada a la conciencia de la verdad.

“mentiras viajando rumbo a la verdad”
Nos falta, todavía, una función más (…); las historias (…) son algo más que mentiras viajando rumbo a la verdad; porque, en efecto, los textos narrativos también constituyen una de las mejores maneras de introducir el debate.

“oficiosa falsedad” vs “verdad oficial”
El modo como el autor de las ‘Novelas ejemplares’ [Cervantes] se permite dudar de la realidad del sueño heroico constituye algo que sólo se puede hacer porque se realiza en las páginas de una obra de ficción. De nuevo comprobamos que lo narrativo, con su oficiosa falsedad, nos permite cuestionar las verdades oficiales. Y de este modo llegar a una visión más verídica de las cosas.

la narrativa nos despierta de la hipnosis
leer o escuchar un relato siempre implica pensar, también, un poco, en nuestro propio recorrido. De esta forma, a través de una narrativa, despertamos de la hipnosis, del sonambulismo de los quehaceres cotidianos. Y así tenemos de nuevo, delante de nosotros, el horizonte de ser personas. Este estado de enajenación se describe muy bien, en los Evangelios, en la historia del hijo perdido (…) su vida se transforma en un delirio de instantes, en un centelleo de placeres, en una borachera de goces caóticos. Nos dice Lucas que “desperdició sus bienes viviendo perdidamente”. El adverbio “perdidamente” es aquí esencial: este muchacho ya no sabe hacia dónde va.

la ficción como ensayo de la vida
Las parábolas pretenden, precisamente, que nos acordemos de que somos humanos (…) también para entrever, para columbrar el sentido del mundo (…). Los niños, por ejemplo, aprenden la textura de la realidad ensayando el teatro de la vida con los cuentos que se cuentan a sí mismos.

en defensa de la retórica
Un lenguaje sin retórica funciona sencillamente como un conjunto de etiquetas, de códigos de barras del mundo. Por consiguiente, el artificio verbal no es una cosa mala, una moneda falsa de los idiomas, sino todo lo contrario: una manera de que el lenguaje se pueda zambullir en el misterio del mundo. Estamos, pues, equivocados cuando censuramos la palabra en estado de figura: negar esta posibilidad de los vocablos equivale a cortarles a las palabras sus posibles vuelos (…). Le faltaría a cada vocablo el cielo que nace de su uso creativo, lírico (…). Por consiguiente, la retórica no es un lujo, del cual debamos prescindir, sino todo lo contrario: la llave que abre las habitaciones más misteriosas de la casa de nuestro espíritu (…). No se nos ocurriría quitarle brillo a las estrellas, considerándolo un lujo: no cercenemos, pues, el centelleo de las voces. Hagamos lo contrario: aprovechemos ese relumbrón para aclarar nuestra vida, nuestra alma.

la delicadeza de las parábolas
(…) ocurre con la espantosa parábola de los ladrones homicidas: de nuevo en clave de fantasía, Jesús escanea la mente de sus enemigos, diciendo, fantásticamente, lo que en ella existe realmente. No es que Jesús actuara así por miedo: sencillamente a veces hay cosas tan insoportables que sólo de esa manera ficcional se pueden decir (…). Servirse de lo posible en vez de machacar con lo rea, revela una vez más la infinita delicadeza del Salvador.

el génesis y dulcinea
los cristianos a veces nos empeñamos en afirmar que todo es, literalmente, cierto. Cuando, al contrario, debemos considerar que, si el Salvador se sirvió de la ficción en su trabajo de evangelización, resulta natural que en el corpus veterotestamentario nos encontremos con secciones que sean también de tipo ficcional (…). Inútil, pues, discutir si Dios efectivamente creó el mundo en siete días. es tan baladí como discutir si Dulcinea era o no natural del Toboso.. El Génesis, en mi modesta opinión, funciona como una ficción inspirada, en la cual, a través del velo de la imaginación, nos surge el resplandor de la verdad.

la ficción es “otra mejilla” del rostro de la verdad
Dejo a los especialistas la determinación de qué apartados bíblicos deben ser leídos en clave ficcional. Vuelvo a recordarles que es sencillamente otra mejilla del rostro de la verdad (…). No debemos tenerle miedo a la ficción como parte de la verdad, porque el mismo Jesús (…) tampoco lo tuvo.

Jesús el Narrador
(…) La Encarnación (…) no puede ser vista nada más como un fenómeno físico (…). Jesús encarna también en el útero más vasto de todo lo humano (…). Encarna, pues, también en el lenguaje, y en sus diversos usos, entre ellos uno capital: el de contar historias (…). Su bajada del cielo no se reduce a un hecho orgánico, biológico, también conlleva la adopción de una serie de comportamientos antropológicos típicamente humanos.

la concisión de Dios
(…) no obstante, debo afirmar que, en las parábolas de Jesús, existe un sello divino, que las demás historias creadas por los hombres no tienen, y que consiste en lo siguiente: sus parábolas no tienen el más mínimo miligramo de intencionalidad literaria, centrándose sólo en el viaje a la verdad que representan. Son, pues, piezas de una pureza, de una sobriedad casi absolutas (…) el arte de Dios es así: absolutamente sin arte (…). El arte de los seres humanos, por muy bueno que sea, siempre resulta excesivamente artístico: en él se reflejan miedos que ya no debíamos tener y ambiciones que debiéramos haber desechado. La literatura se escribe aún de este lado de la vida, con todo lo que tiene de sombra de una luz que todavía no conocemos plenamente (…). A los cuadros de un amanecer siempre les falta ese exceso de estilo que flota en los ambiciosos pinceles humanos. Por ello, una madrugada siempre es tan sin pretensiones, y tan hermosa (…) sus historias [del Salvador] parten hacia la verdad con una capacidad de propulsión, una naturalidad de estrellas fugaces, que no poseen los pretensiosos cohetes de nuestras novelas.

el clasicismo, un cristianismo imperfecto
(…) El lenguaje de Cristo recuerda la simplicidad de un amanecer (…), esa limpidez que el llamado arte clásico ha buscado incesantemente, sin lograr jamás la pureza del pincel, de pluma divina. Porque el clasicismo suele derivar hacia un formalismo que está a una gran distancia de las palabras de nuestro Salvador.

la paradoja, expresión literaria del amor
Són abundantes [en Jesús] planteamientos paradójicos (…). Casi me atrevería a decir que la paradoja es lo que resulta del pensamiento tocado, alumbrado por el resplandor de amar. El lenguaje deja de ser una regla de medir el mundo, transformándose en la fusión apasionada de cosas que, en un principio, eran irreconciliables (…). La escritora de Ávila nos demuestra que la paradoja no es un capricho retórico de la santidad, sino, al contrario, la única manera de decir lo indecible (…): “Siempre querría el alma –como he dicho– estar muriendo de este mal”.

la metáfora, un tropo maleducado
sabiendo nosotros que una metáfora es una comparación que se comporta mal, porque se le olvida ese gesto de buena educación que es la partícula ‘como’.

“expoliados del dulce misterio de sí mismos”
Si el lenguaje, con todo su vuelo retórico, no existiera (…) correríamos el riesgo de creernas “huecas en lo interior” [Santa Teresa de Ávila]. Hoy en día, ¿cuántas personas hay (…) que están siendo ahuecados por la sociedad de la imagen, expoliados del dulce misterio de sí mismos? Muchos, como sabemos: las antiguas represiones se ejercen ahora de nuevos modos, pero con una misma intensidad antigua.

el divorcio literatura-espíritu
Se trata de organizar un gran festín que nos consuela del descubrimiento de que no hemos sido invitados al banquete de eternidad. Algo así como la parábola de la fiesta de bodas del Evangelio, pero sin boda: una fiesta que sea sólo eso, fiesta, tristeza disfrazada de alegría hipnótica (…). Ya no nos interesa hacia dónde viaja el tren de las palabras, sino sencillamente cuántas personas se han montado en los coches. El resultado es este gran alud de vacíos que nos contempla desde los escaparates de las librerías. Viajes sin viaje, podríamos decir. Palabras sin Palabra. En el fondo, alucinaciones, sin visión, sin contemplación. El propio autor se ha transformado en una imagen entre imágenes: un espejismo más.

pessoa y el poeta fingidor
De Pessoa me permitiría citar un texto (…) que plantea todo esto con meridiana claridad (…):

Autopsicografía
El poeta es un fingidor.
Finge tan completamente
que llega a fingir que es dolor
el dolor que de veras siente.

Y los que leen lo que escribe,
en el dolor leído sienten bien,
no los dos que él tuvo
mas sólo el que ellos no tienen.

(…) o sea, que a través del poema quien lee descubre en sí mismo, como personal, un sentimiento que antes no había tenido. Que, en el fondo, no es suyo (…). Se ha llegado aquí a través de dos fases: en la primera de ellas, la ausencia de lo divino era otra manera de recordar a esa divinidad. Lo dijo Pessoa de un modo expresivo: “no haber dios es un Dios también”.

el cristianismo y la “sublime moción de censura a la realidad”
Lo que pasaba en Roma, en el circo romano, hoy pasa en Siria, en Pakistán, en Nigeria (…). No es una visión pesimista, al contrario (…). Cuando uno escribe que perpetuamente ha habido y habrá mártires, que la creencia que profesamos funcionará en todas las épocas como una crítica y una crisis, parece que le ha tocado ser el aguafiestas de la fe. Porque, exactamente como Pedro y los apóstoles, lo que en el fondo nos gustaría tiene mucho que ver con una nueva sociedad aquí y ahora, donde triunfe el bien y la justicia. Esa restauración de Israel (…). De hecho, el bien y la justicia tienen que ir triunfando pero, aquí y ahora, nunca triunfarán completamente. Esa es la imperfección vital del cristianismo y, al mismo tiempo, su infinita lucidez: una lucidez que se puede comprobar oteando los panoramas de la historia. Porque el reino de Dios se asemeja a una sublime moción de censura a la realidad que sólo triunfará del otro lado de esta vida: en la vida plena de la eternidad.


* El título de la entrada y los títulos que encabezan los fragmentos son del autor del blog


divendres, 30 d’octubre del 2015

L'altra dixit

Marta Rojals
L'altra (2014)

passió i compte corrent
La convivència calma la fam dels cossos, però no els eximeix d’omplir la nevera (...). Sota el mateix sostre s’asserena l’escalf de l’amor, i cal encendre la calefacció.

el facebook o l'art de delegar l’empatia
El Facebook li permet descansar del galimaties del llenguatge no verbal, del misteri dels ulls, dels rictus de la boca, del contacte amb el cos estrany. Escriure és fàcil: Per molts anys; Enhorabona; Que macos els nens. No cal ni passar per la feinada de sentir-ho: Me n’alegro per tu; Jo també ho espero; A veure si ens veiem aviat. Delegar l’empatia en un clic és de les poques feines que li agrada delegar. Clica «M’agrada» perquè és correcte, perquè agradar agrada, perquè agradar és bo. L’Anna aspira a una vida futura sense riscos, a ser pilot d’un simulador de vol.

cabòries dels no sociables
—Doncs la Raquel i el Jordi s’han rajat a última hora, tia. —Oh. A l’Anna li sap greu de debò. Una parella més reduïa l’obligació d’entrar en conversa, i incrementava les possibilitats d’abstracció.

el cop de porta i la ruta de l’odi
—Anna... Parlem-ne. És que no es poden parlar les coses aquí, o què?! La porta ja ha petat, l’Anna ja és al replà, i tot just s’adona que s’ha descuidat el moneder. Envermelleix. Que ridícula, havia estat un cop de porta eloqüent i definitiu. Torna a obrir, torna a passar per davant del nas del Nel, despenja la bossa del penja-robes i reprèn la ruta de l’odi.

el somriure polivalent
—A que no saps on vaig, després? —Després de què? —Ai, xata, araaa, quan acabem les copitxueles. L’Anna ja s’ha descentrat. Donava per descomptat que podria allargar la nit, fins i tot s’havia mentalitzat de deixar-se convidar per algun divorciat amb ferum de Brummel, i resulta que només són les onze. —Què, com se’t queda el cuerpo, morena? És evident que li ha explicat alguna cosa, i mira de fer un somriure polivalent.

vida en percentatges
fa quatre anys estudiava en un institut de capital de comarca, que tenia la colla d’amics d’allà, la d’aquí, una nòvia, i amb la pèrdua d’un vuitanta per cent de l’audició també ha perdut el trenta per cent dels amics i el cent per cent de la nòvia.

el do (cinematogràfic) d’oblidar
Si la memòria és un do natural en ella, l’oblit és un do adquirit amb la pràctica. Des que té memòria, doncs, els esforços més grans de la seva vida els ha destinat a oblidar, a retallar seccions de la seva cronologia i descartar-les com qui desmunta i remunta una pel·lícula.

adultesa i acceleració del temps
Per sort, els dies se succeeixen sense pausa, i el pas del temps s’escurça amb el temps. L’Anna pensa en la sortida de les dents de llet: d’adults, se’ns faria una agonia. Pel principi invers, l’acumulació de dolors, viscuda dins d’una percepció temporal d’infant, se’ns faria insuportable. El temps minvant dels adults, per l’Anna, és una altra adaptació. La que fa llevar-se els vells un altre matí i dir ja tornem a ser a Nadal, ja tornem a ser a Pasqua, i arrossegar el cos adolorit a fer el primer riu malgrat l’emfisema, la columna, el maluc. Malgrat portar al currículum trenta o quaranta enterraments. Potser la seva mare ho havia descobert: com més estret es fa el temps, més temps passa pel mateix forat.


* Els títols que encapçalen els fragments són de l’autor del blog


dilluns, 26 d’octubre del 2015

‘El desconocido’: el thriller de las preferentes

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8

Ya lo hemos conseguido. Ya podemos decir cine español sin pringarnos de Guerra Civil, de purpurina de Almodóvar, de dramatismo de barrio. Ya no vale decir no la fui a ver porque era española (me echó para atrás). Este país ya fabrica thrillers tan buenos como los americanos, si no mejores, y lo hace con sus propios temas, sin necesidad de salir del universo simbólico del telediario de las tres. Ellos tienen la mafia, la CIA, Lehman Brothers. Nosotros tenemos a Bárcenas, los Tedax y las preferentes. Sí se puede.
Una vez más, el buen cine demuestra que no entiende de patrias, y éstas, que no están incapacitadas para ningún género. El thriller made in Spain que se irguió triunfal con ‘Celda 211’ (2009) hoy no cesa de dar muestras de salud y motivos de felicidad, y de nuevo son las facciones de Luis Tosar las que habitan el otro lado de la pantalla. Ya no rudo, descerebrado y profundamente noble como el inolvidable Malamadre, sino impecable y trajeado, frío gestor de gráficas y ganancias. Un ejecutivo financiero que no ha elegido el mejor día para coger el coche.
El debutante Dani de la Torre nos atornilla a un vehículo en marcha del que será casi imposible bajar, por obra y gracia de una de esas premisas tan simplonas y a la vez tan efectivas del género (no la espoileemos aquí, aunque el tráiler es bien explícito). Una historia sin frenos, vertiginosa y sufrida, donde el manos libres se convertirá en diabólico y permanente chantaje, mientras la trama avanza sin rodeos, sin florituras, hacia el desmoronamiento moral de una familia de clase media-alta. No, definitivamente Carlos no ha elegido el mejor día para llevar a sus dos hijos al cole.
Sin olvidar al gran Tosar, aquí más humano y vulnerable que nunca, la joven Paula del Río es quizá el descubrimiento más inesperado de este rally por las calles de A Coruña. No sabemos si tiene doce años, catorce o dieciséis, porque la Wikipedia aún no glosa a estos futuros talentos, pero la actriz adolescente se adueña progresivamente de la película y protagoniza algunas de sus escenas más intensas, incluída una muestra de amor filial desarmante y antológica. Solamente por la precisión cinematográfica, por la carga emotiva de este instante, valdría la pena conocer a este Desconocido que nos brinda la cartelera.
Pero afortunadamente hay otros motivos: una artificiera que borda su papel de heroína obstinada (fantástica Elvira Mínguez), un clímax persecutorio que corta el aliento y una malvada fábula en blanco y negro sobre las víctimas y verdugos de la crisis económica con más ganas de entretener que de sermonear. Con más vocación de dar caña que de innovar (sí, y qué). Dotado de un estilo simple y certero: a De la Torre la bastan dos pinceladas para crear a sus personajes y otras dos para finiquitarlos. Antes de poder digerir la adrenalina, ya ha fundido a negro.

‘el desconocido', DE dani de la torre
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divendres, 23 d’octubre del 2015

'The Martian': era un americanet de Mart

per JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6

Jaume Sisa es compadia dels marcianitos perquè vivien en un món sense calefacció, però els americans demostren que fins i tot aquests inconvenients es poden trampejar amb una mica de tecnologia-ficció i molta dosi de xovinisme sideral. Poses a desintegrar un generador de plutoni i au. Si Ryan Reynolds s’espavilava dins una tomba (‘Buried’) i Sam Rockwell comptava les hores que li quedaven a la Lluna (‘Moon’), Matt Damon no se’n pot sortir entre les desferres d’una tempesta al planeta vermell? Yes we can!
Era qüestió de temps, havia de passar tard o d’hora, que dues passions genètiques de Hollywood com són la supervivència i el western confluïssin en terres marcianes, nova frontera per excel·lència dels herois i els conqueridors. Ridley Scott ens retorna a l’espai exterior, terreny que tant domina, però ja no hi ha l’ombra d’Alien esperant-nos al darrere d’una porta –esnif– sinó que el guió se cenyeix al realisme narratiu de moda: una sola idea, un sol escenari, una sola persona. Si pot ser, un heroi amb aires d’antiheroi, que faci una mica de panxa però no molta, i amb qui et puguis identificar. D’acord amb l’esperit del temps: ja no es tracta de vèncer (paradigma de la Guerra Freda: humà contra alienígena) sinó de sobreviure en un món precari (paradigma de la globalització: humà contra si mateix). Ja no es tracta de matar sinó de no morir.
Com el marcianet de Mart de Joan Miquel Oliver –tornem-hi amb els galàctics–, Matt Damon és aquell actor “ni baixet ni alt”, “ni primet ni gras”, que l’ocasió requeria. Algú sense gaire passat ni complexitats psicològiques excessives. Algú que pugui ser botànic però semblar professor de gimnàs. Algú que en un moment donat pugui mirar a càmera i fer aquell acudit que desengreixa la magnitud de la tragèdia. A diferència de ‘Gravity’, tan solemne, pulcra i magnífica, ‘The Martian’ juga a la conyeta, flirteja amb l’autoparòdia, i la cosa no li acaba de sortir bé. Ni l’odissea ens emociona ni els gags són per llançar cohets. Ridley Scott demostra tenir tants quartos com escàs entusiasme per gastar-se’ls.
Pel que fa a la trama, la sensació que se’t pixen a sobre és constant i potser volguda: tot és argot aeronàutic, suposades concatenacions causa-efecte, habilíssimes troballes d’individus sota pressió i tots els deus ex machina que vulguis. Ja sabem que els mags del cinema-espectacle juguen amb la possibilitat de treure’s incomptables conills del barret, però en aquest cas s’han passat de frenada i la credibilitat se'n ressent. Més enllà de la reinvenció de Mart com un hivernacle improvisat i excrementici, no hi ha cap idea-força o desllorigador científic que ens atrapi i ens faci exclamar Oh, que bo, que ben pensat. Tot és més aviat rutinari i sobreinflat (dues hores i vint!), i t’ho acabes mirant amb condescendència: Vinga, home, i què més.
L’excursió de la Imserso de Ridley Scott a Mart té un punt de cansada i de ja vista. La tigeta verda enmig de l’erm no ens tornarà a emocionar com a ‘Wall-E’, la sensació respiratòria de quedar aïllat a l’espai exterior no es podrà repetir després de ‘Gravity’, el delay espaciotemporal amb els éssers estimats ja el va explotar ‘Interstellar’... La moralina és tan ianqui com ha de ser (treu-te tu mateix les castanyes del foc, prospera individualment perquè els de dalt no són aigua clara) i tan progre i ecumènica com els nous públics esperen: les idees brillants les tenen els asiàtics i els afroamericans, i atenció, la Nasa ja no és totpoderosa i ha d’assajar una aliança de civilitzacions (si Neil Armostrong aixequés el cap!). El pitjor és que tot això passa a Mart com podria passar a les Torres Bessones o en un oceà embravit, i els paisatges del planeta roig ni tant sols tenen la condició inoblidable, el vernís mític d’aquells deserts d’Arizona o Almeria per on cavalcaven els pròfugs i els cowboys solitaris. No calia anar tan lluny. No trepitjaràs altres planetes en va.

‘the martian', DE ridley scott
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