divendres, 11 de setembre del 2015

‘Operación U.N.C.L.E.’: qué guay es la Guerra Fría

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6,5

La operación Guy Ritchie consiste en tomar cualquier género o tema literario y convertirlo en un videoclip coolcon cierta exaltación de la estética masculina de etiqueta. Lo hizo con el detective más famoso del mundo, y funcionó a las mil maravillas, porque encontró en Robert Downey Junior a un aliado socarrón y ultracarismático. Ahora repite jugada con los espías de la Guerra Fría, pero aquí tenemos a Henry Superman Cavill, que, francamente, no es lo mismo.

El sosainas heredero de Cristopher Reeve hace lo que puede y debe en esta revisión cachonda y ligera del mundo de los espías sesenteros. Nada que reprocharle, porque se mueve, dispara y tira los tejos como cualquier aprendiz solvente de 007. El cine ha encontrado un nuevo filón en esa mezcla de humor, modernez, acción y bondismo que también chisporrotea en la reciente ‘Kingsman’, por poner un ejemplo, o en las cintas más alocadas de la Marvel, y que genera materiales golosos para futuribles sagas y potenciales rentabilizaciones ilimitadas.

Si Downey Jr. hacía pareja con un Watson posmoderno y estiloso (Jude Law), esta vez el camarada del protagonista es un Armie Hammer de acento ruso, carácter volcánico y boina chic. Soviéticos y americanos obligados a trabajar juntos para conjurar la reviviviscencia de los nazis: ‘Operación U.N.C.L.E.’ explota con habilidad esta peculiar premisa, y saca especial partido de la vis cómica de Hammer, sutil y pizpireto actor que apenas conocíamos. Esta vez el segundón es el que brilla.

Nuevamente, Guy Ritchie se marca todo tipo de virguerías visuales marca de la casa, algunas tan divertidas y vacilonas como la escena de la persecución en el puerto, donde el protagonista se acomoda en el coche y hasta se pone sibarita mientras su compañero las pasa muy canutas en un desesperado segundo plano. Se le puede objetar que tarantinea más que nunca, con un montaje, un uso de la música y un manejo de la violencia banal que raya la imitación descarada del autor de ‘Django’ o ‘Reservoir dogs’. Pero lo tomaremos como un hilo musical, o como un pase entretenido de teloneros, mientras esperamos que Robert empuñe de nuevo la lupa y vuelva nuestro irreverente e inimitable Sherlock Holmes.

‘OPERación u.n.c.l.e.’ DE GUY RICTCHIE
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divendres, 4 de setembre del 2015

Nostalgia del absoluto

George Steiner
Nostalgia del absoluto (1974)

el inconsciente es una vivienda vienesa
Propongo con vacilación, pero con cierta seriedad, la sugerencia de que la famosa división de la conciencia humana –el ello, el yo, el superyó– es en sí misma algo más que el reflejo anatómico del sótano, la vivienda y la buhardilla de un hogar de la clase media de la Viena del cambio de siglo. Las teorías de Freud no son científicas en el sentido de ser universales, de ser independientes de su medio étnico-social, como lo son las teorías de la física o la biología molecular. Son lecturas inspiradas y proyecciones a partir de las muy especiales condiciones sexuales, familiares y económicas de la vida burguesa en la Europa central y occidental entre, digamos, los años 1880 y 1920.

estragos de la colonización
Llegara para conquistar o para convertir, para explotar o para medicar, el hombre occidental llevó consigo la devastación.

el antropólogo, un destructor
La idea de viajar a lugares lejanos para estudiar pueblos y culturas extranjeras sólo se da en el hombre occidental; surge del genio predador de los griegos (...) Ninguna comunidad nativa sobrevive intacta después de la visita del antropólogo, por hábil, por modesto, por discreto que pueda ser. La obsesión occidental por la investigación, por el análisis, por la clasificación de todas las formas vivas, es en sí misma un modo de sojuzgamiento, de dominio técnico y psicológico. El pensamiento analítico adulterará o destruirá fatalmente la vitalidad de su objeto. Tristes trópicos de Lévi-Strauss expresa esta melancólica paradoja.

la esclavitud y el origen del pensamiento especulativo
La búsqueda desinteresada de la verdad abstracta es específica de cada cultura, su historia es relativamente breve y tiene una geografía propia. Es un fenómeno del Mediterráneo oriental (...) posiblemente relacionada con los factores climáticos, la dieta proteínica, el sistema de parentesco dominado por lo masculino en el que los hombres eran depredadores y tenían un papel indagador dominante. Tal vez no habría existido un pensamiento especulativo puro sin la esclavitud, si los hombres no hubieran dispuesto del tiempo libre necesario para consagrar su voluntad, energía y ambiciones a problemas no relacionados directamente con la supervivencia personal y económica. En otras palabras, la persecución de la verdad es desde el principio una verdadera persecución. Tiene elementos de caza y de conquista.

la atracción del obstáculo
Somos claramente un carnívoro cruel construido para avanzar, y construido para avanzar contra y por encima de los obstáculos. En realidad, el obstáculo nos atrae magnéticamente. Hay en nosotros algo esencial que prefiere la dificultad, que busca la pregunta complicada. En última instancia, es por esto por lo que los más dotados, los más enérgicos de nosotros han sabido –tal vez sin articular este conocimiento– que la verdad es más compleja que las necesidades del hombre, que en realidad puede ser completamente ajena e incluso hostil a esas necesidades.

Palabrología

Virgilio Ortega
Palabrología (2015) 

metáforas catedralicias
La catedral (en griego, hedrasignificaba ‘asiento’, ‘acción de sentarse’, y katá, ‘abajo’, ‘sobre’, por lo que kathedra era el ‘asiento sobre’ el que uno se asentaba (...). ‘Nave’ viene del latín navis, navío, nao, ‘embarcación’, pues su techumbre nos recuerda un barco invertido, boca abajo, como una cóncava nave que surcase ese mar azul que es el cielo (...). El arco es, como la ‘nave’ otra metáfora: viene del latín arcus, que es el arma con la que se disparan las flechas, en este caso flechas que se dirigen hacia el cielo, hacia donde ese arco de piedra parece apuntar (...). El arquitecto ha construido cuatro pechinas (claro, como las conchas de esos bivalvos tan ricos) (...) ha podido construir un doble tambor (¡otra metáfora, qué poético es el lenguaje de la arquitectura: naves, arcos, cañones, pechinas, como si todo cupiese en una iglesia!) o cimborrio (del griego kiborion –a través del latín ciborium- que era el fruto del nenúfar, ¡más metáforas! (...) (¡’nervios’, otra metáfora!), la cúpula (el diminutivo de del latín cupa, ‘cuba’, por la similitud e su forma, octava metáfora).

querer es ‘buscar intensamente’
Un inquisidor, que ya vimos, y un pesquisidor vienen a ser lo mismo: ambos vienen del latín quaerere, ‘buscar’, inquirir [y sólo más tarde, ‘desear’, querer], por lo que perquirere es ‘buscar intensamente’, perquerir, y el resultado es una pesquisa o ‘indagación’.

dilluns, 24 d’agost del 2015

Del sol a la luna en diez días

Por Joan Pau Inarejos

Grecia y Turquía 4-15 agosto de 2015 
Laura Solís y Joan Pau Inarejos


en sounio
Cabo Sunión en Grecia
Viajar en avión es una metáfora precisa de la vida. No sabemos por qué lo hemos merecido, pero estamos aquí arriba. La mayoría de los mortales ignoramos cómo funciona la aviación, pero miramos por la ventanilla e, incluso con cierto grado de aerofobia, nos emociona surcar las alturas. Podemos caer, al final de nuestro trayecto volveremos a la tierra, pero, mientras tanto, somos llevados. En este lapso podemos tener las nubes a nuestros pies, o percibir ese instante ambiguo en que la bruma borra los oleajes del mar y éste parece un segundo cielo, apenas con algún lejano barco volador. Cuando se está tan lejos de todo, no hay arriba ni abajo. Este mar que se borra por momentos es el Mediterráneo, y lo estamos sobrevolando hacia el oriente, donde moran otros credos y alfabetos.

AGUA
Barco de Milos a Atenas. 10 de agosto.

penélope
Isla de Folegandros
Cuando estudiaba las banderas en la escuela, sin duda la griega era una de mis favoritas. A las rutinas rectilíneas de la mayoría de naciones, nuestros primos mediterráneos añadían esa cruz caprichosa, arrinconada en un vértice, y, frente a las combinaciones cromáticas arbitrarias de tantos reinos y repúblicas, la enseña helena apostaba por un único y esplendoroso color: el azul del mar. Además, era fácil de recordar, y qué caray, eso se agradece en los exámenes. Hoy las franjas ondean a todo trapo sobre la cubierta del barco. La ha izado un señor con uniforme, aprovechando la ventolera egea. La Grecia herida y humillada exhibe su estandarte marinero sobre parejas acarameladas y turistas indolentes, recordando que todos venimos de su espuma. A nuestro alrededor aparecen y desaparecen siluetas de islas. Se divisan farallonesfantasiosos y elevaciones áridas, como lomos de gigantes dormidos. Hay algo adictivo en estar aquí arriba. Algo que insufla el cerebro, que alienta el pecho y que, por cierto, imprime en tiempo récord un rotundo moreno marinero en nuestra piel.

Crucero por el Bósforo. 13 de agosto. 7 de la tarde

bósfora
Canal del Bósforo en Estambul
Nos tambaleamos entre Europa y Asia. El barco avanza a trompicones por una mar movediza y aún se puede aspirar el intenso olor a salitre y sardina que emanaba del puerto de Eminonu. Los dos guías tienen sonoras y continuas peloteras en un turco encendido que no sabemos descifrar. Roces del oficio, suponemos. Además, han tenido que volver atrás para recoger a dos turistas despistadas que llegaban tarde, y ya se sabe lo severos que son los tiempos navieros. Con un acento francés que todo lo escurre hacia entonaciones agudas, uno de los guías nos va detallando la anatomía de esta encrucijada del mundo que es Estambul. A un lado, la orilla europea, con los majestuosos alminares de Santa Sofía, la Mezquita Azul o la Yeni Cami (Mezquita Nueva). Al otro lado la orilla asiática, discretamente pija y anodina, donde dejan a los cruceristas explayarse durante veinte minutos para que no sea dicho. Una pareja italiana no cesa de hacerse autofotos melosas mientras una familia argentina pregunta en qué punto exacto del recorrido se pondrá el sol. El guía se confiesa superado por la astronomía: el ocaso llega cada día dos minutos antes y es imposible discernir en qué ángulo o continente tendrá a bien yacer el astro rey. Entre Oriente y Occidente va anocheciendo, el barco regresa y entonces toma el relevo la luz de los focos y de la luna turca. Pero de eso hablaremos más tarde.

Perissa, Santorini. 5 de agosto. 4 de la madrugada

Sin título
Playa de Perissa en la isla de Santorini
Estamos durmiendo al raso, frente a la atenta mirada de la ballena. La montaña de Mesa Vouno se asemeja a un enorme cetáceo en esta playa del sureste de Santorini. La gigantesca roca nos observa con su ojo iluminado, fantasmal, donde se albergan las ruinas de la antigua Thera. El rumor del oleaje nos acompaña en esta noche clara y es el premio de consolación tras un vuelo intempestivo. A veces los paraísos tienen timings difíciles de cuadrar. Apenas quieren quebrar albores, como dice el Mio Cid, cuando nos despierta el ir y venir de fotógrafos madrugadores. Quizá quieren captar el amanecer aprovechando el peculiar entorno de la playa de Perissa, de arena negra y ardiente. Una legendaria erupción, hace más de cuatro mil años, oscureció estas tierras y al parecer dio a Santorini su forma de luna creciente. Si nos trasladamos a la orilla oeste podemos admirar lo que generó aquel bienaventurado cataclismo geológico: los dos cuernos de la luna casi abrazándose en la caldera, la gran e imponente bahía que se adentra en la isla.

Imerovigli, Santorini. 5 de agosto. 12 del mediodía

Unos niños americanos trepan con alegre imprudencia por la roca Skaros, hermoso promontorio donde se obtiene una de las mejores vistas de la caldera. Desde allí oteamos los grandes acantilados, con sus faldones de piedra, y también la silueta de Fira, capital de la isla, con su trazado de cúpulas y casas de puntillas sobre el abismo. En esta apoteosis del blanco que son las islas griegas no extraña que se celebren tantas bodas, y que de vez en cuando adivines un sedoso velo de novia entre las paredes encaladas.

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Vista de Imerovigli y Fira desde la Roca Skaros, en Santorini
Frente a nosotros, el volcán. Hay quien quiere ver la desaparición del mítico reino de Atlántida en aquella remota y espectacular explosión, así que poca broma con la bonita isla de postal. Incluso se cree que la erupción ocasionó las plagas bíblicas y la separación de las aguas del Éxodo. Exodos, palabra griega que significa “salida” y que pierde todo su glamour charltonhestoniano cuando la ves estampada en la puerta de un lavabo.

Milos. 9 de agosto. 1 del mediodía

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Casas de Klima en la isla de Milos
Lo sabemos bien, las islas griegas son el paraíso de la blancura, el decorado perfecto para uno de esos anuncios de detergente donde todo es inmaculado, pero también reservan sus pequeños estallidos de color. En la isla de Milos está uno de los más pintorescos, la retahíla de casas de pescadores de Klima, donde el mar roza literalmente las fachadas (hay que vigilar al pasar: “slippery floor”). Y no nos olvidamos del mar que entra y se retuerce promiscuamente con la tierra en los parajes de Papafragas, de aguas termales sulfurosas (y tranquilos, nada que ver con la radioactividad de Palomares, aunque su nombre suene a patriarca franquista).

Estambul. 14 de agosto. 6 de la tarde

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Cabeza de Medusa en la Cisterna Basílica en Estambul
La terrible gorgona Medusa nos observa con el rostro invertido. Este ser mitológico podía convertir en piedra a aquel que lo mirase directamente, y de ahí que los arquitectos decidieran poner al revés sus representaciones para sustentar las columnas de este lugar mágico conocido como la Cisterna Basílica(Yerebatan Sarnici). En realidad se trata de una simple y llana cisterna, un depósito de agua para abastecer Constantinopla en la Antigüedad, pero, vagando entre sus más de 300 columnas, cualquiera diría que se quiso rendir culto a las misteriosas deidades submarinas.

FUEGO
Cabo Sunión, 11 de agosto. 8 de la tarde

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Templo de Poseidón en el Cabo Sunión

Una joven de vestido azul vaporoso se sube a una piedra para viajar instantáneamente a Instagram. Dos fotógrafos extasiados elogian la golden coin(moneda de oro) que ya se adivina en el horizonte, tras las columnas del templo de Poseidón. Los niños se benefician del estado de embeleso de los adultos para corretear, trepar por sitios poco recomendables y subirse a caballito unos a otros. En la infancia aún no hay prisa para dejar de no hacer nada. Otros visitantes se alejan del furor de las cámaras y prefieren sentarse en círculo en un lugar apartado para vivir el momento con espíritu hippie. Todo está listo para contemplar uno de los crepúsculos más bellos del mundo. Lo dicen. Y lo es.

Playa Roja y Oia, Santorini, 6 de agosto. 4 a 8 de la tarde

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Playa Roja en la isla de Santorini
El fuego apocalíptico de Santorini, hace más de cuatro mil años, dejó otra preciosa herida al suroeste de la isla. Como un pedazo de Marte en la Tierra, la Playa Roja (Kokkini Paralia) extiende sus brazos bermellones cerca del enclave de Akrotiri. Sus aguas llaman poderosamente la atención, como si te bañaras en las cavidades de un volcán, pero hay que adentrarse con precaución si uno no quiere sucumbir ante su suelo pedregoso y resbaladizo. Ya sabemos que las cosas hermosas son poco prácticas vistas de cerca.

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Atardecer en Oia, en la isla de Santorini
El tiempo apremia y debemos recorrer la isla en dirección noroeste, donde nos espera de nuevo el sol. Nuestro casero en la Villa Spyros, en Perissa, nos ha aconsejado “definitivamente” no perdernos el ocaso de Oia (pronúnciese "Ía"), que es literalmente aplaudido por las multitudes. En este pueblo, sede de las archifamosas cúpulas azules que ilustran todos los sueños estivales de los escaparates, la hora vespertina tiene algo de sagrado y hay que darse codazos para conquistar un breve rincón en alguno de sus miradores. Justo a tiempo para contemplar un velero que atraviesa la estela de luz, tendida sobre el mar como una pasarela; justo a tiempo para vez cómo la luz languidece suavemente tras los molinos de viento. Con permiso de Apolo, es curioso que los griegos antiguos no tuvieran una adoración especial por el dios del sol, como los egipcios o los aztecas, y sí en cambio por el dios del trueno (Zeus). ¿Por Ra, es que no vieron esto?

TIERRA
Atenas. 11 de agosto. 9.30 de la mañana

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Acrópolis en Atenas, desde las proximidades del Pnyx
“Lo castell de Cetines es la pus rica joia que al món sia”.  La frase del rey Pere el Cerimoniós, esculpida modernamente en la Acrópolis, da fe de la admiración catalana por los griegos en los tiempos expansivos de la Corona de Aragón, en la Edad Media. Ferran Soldevila incluso cuenta la leyenda de que los rudos almogávares oían misa en el Partenón y veneraban a Pallas Atenea como la Virgen María (¡imaginaos una Montserrat de doce metros!). Lamentablemente, aquella colosal estatua de oro y marfil fue fundida, y a saber cuántas monedas se han pagado con el cuerpo áureo de la diosa. Siglos más tarde, los catalanes volverían a rendirse a los encantos de la Hélade con el descubrimiento de las ruinas de Empúries, hasta llegar al culto referendario actual (sólo que aquí se suspira por el Sí en lugar del Oxi). 

de niño a niño
Museo del Ágora de Atenas
La Alta Ciudad (akros polis) ateniense quizá ya no es “la joya más rica del mundo”, pero los avatares de la Historia la han convertido en una de sus ruinas más admiradas. Sin su color y sus esculturas, a los templos de Pericles sólo les faltaba la temible enfermedad del mármol, un hongo que al parecer va royendo sus venerables columnas, para redundar en su eterna decadencia. El esplendor heleno fue breve pero fecundo: en poco tiempo inventaron la democracia, la filosofía y el teatro, y el resto de civilizaciones se vengó de su talento con siglos de opresión, desde los otomanos hasta los merkelianos. “Ahora que no tenemos contaminación, lo que no tenemos es dinero”, se lamentaba nuestra guía, señalando el estado de los monumentos y seguidamente palpándose el bolsillo.

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Templo de Hefesto en Atenas
Para intuir la magnificencia original de los templos dóricos, se pueden hacer dos cosas: en nuestro caso, añorar el Valle de los Templos de Agrigento, en Sicilia, o bien bajar unos pasos de la Acrópolis y admirar el hermoso templo de Hefesto o Hefestión, que aparece solitario en las llanuras arboladas del ágora. Esta construcción del siglo V a.C., breve ensayo casi simultáneo al Partenón, quizá no copa portadas, pero es una de las pocas perlas que la ciudad puede lucir más allá de la Acrópolis (porque sí: vamos a decirlo ya, Atenas es fea, tirando a muy fea).

Aunque Cetinesconserve poco de su belleza pretérita, en sus colinas han pasado cosas importantes. Además del ágora, desde aquí podemos ver el Pnyx, donde nació el primer parlamento democrático, o el Areópago, donde San Pablo apelaba al “dios desconocido” para vender el nuevo producto cristiano a los escépticos griegos. “A quien vosotros adoráis sin conocer es a quien yo os anuncio” (Hechos 17:23) . Gran estratega: lástima que, según las fuentes, la resurección de los muertos causó hilaridad entre el público y sólo convirtió a “unos cuantos”. Aún faltaban siglos para que las Cariátides vieran la ciudad llenarse de cúpulas con cruces.

Estambul. 13 de agosto. 12 de la mañana

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Basílica de Santa Sofía, en Estambul
Estamos en otro punto cardinal de la Antigüedad, la ciudad llamada sucesivamente Bizancio, Constantinopla y Estambul. Tras contraer nuestras obligaciones monetarias en el aeropuerto (1 euro = 3 liras turcas) y perdernos varias veces por sus calles, finalmente hemos logrado plantarnos frente a Santa Sofía (Ayasofya), la primera catedral de la cristiandad (siglo VI) y posteriormente modelo de las mezquitas turcas, con su combinación canónica de una gran cúpula con afilados minaretes circundantes.

Una paloma cruza súbitamente el interior de la basílica y nos deja ver el serafín de seis alas, pintado en una de las pechinas (el que también vemos en el románico catalán). Estos ángeles severos, habitantes de la gloria divina, han tenido que ser literalmente desenmascarados, como la mayoría de mosaicos de Santa Sofía, ya que los otomanos se ocuparon de tapar las imágenes, cuyo culto es incompatible con el Islam, al transformar el templo en mezquita. Por suerte no los destruyeron, como la desgraciada virgen ateniense.

Estambul es una ventana entre religiones, y lo es literalmente: desde el nivel superior de Santa Sofía, las ventanas dejan entrever la poderosa Mezquita Azul (Sultanahmed Camii), erigida en el siglo XVII y separada de su hermana cristiana por un jardín primoroso. Si se olvida el ligero perfume de pies (hay que entrar descalzo), puede admirarse su interior decorado con magníficos motivos florales y geométricos: los musulmanes, obligados a no ver a Dios, se convirtieron en maestros del arte abstracto, y se diría que podían ir llenando el infinito con sus bellezas sin rostro.

Estambul. 14 de agosto. 1 del mediodía

Sin título
Iglesia de San Salvador de Cora, en Estambul
Al igual que el Partenón tiene un hermano menor en el Hefestión, y salvando todas las distancias, Hagia Sophia tiene una hermana, pequeña pero resplandeciente, a unos cinco kilómetros de distancia. La iglesia de San Salvador de Cora (Kariye Camii), hoy museizada al igual que Santa Sofía, fue completada en el siglo XIV y alberga uno de los conjuntos pictóricos más impresionantes del arte bizantino. El mosaico del Cristo Pantocrátor de la entrada, las cúpulas con la genealogía de Jesús y María, o los frescos de la Virgen de la Ternura (Eleousa), el Juicio Universal y la Bajada a los Infiernos (Anástasis) de la capilla lateral son obras que permanecen en la retina. Aunque hay que alejarse del centro, no dejéis de ir: Santa Sofía, muy vetusta y avezada, no se pondrá celosa.

Milos. 9 de agosto. 12 de la mañana

Hemos descendido todavía más a las entrañas de la cristiandad y nos hemos trasladado al siglo I dC, cuando se construyeron las cautivadoras catacumbas de Milos. Este entramado de galerías se extiende unos 200 metros y se considera uno de los recintos funerarios más importantes del orbe paleocristiano. Al parecer, los “yo estuve aquí” o “Vanessa quiere a Víctor” son más antiguos de lo que creemos, y sobre estas tumbas se han encontrado no pocas inscripciones fruto del vandalismo (hasta el muy culto Lord Byron perpetró un selfie romántico grabando su nombre en el templo de Sunión). Curiosamente, muy cerca de este antiquísimo santuario cristiano se encontró una de las imágenes paganas más reconocidas del mundo, la sugerente Venus de Milo hoy expuesta en el Louvre, y privada de brazos, para imaginación de muchos. Nosotros nos quedamos con la sensual Ménade Durmiente (siglo II d.C.), que reposa con una mezcla de embriaguez y melancolía en el Museo Arqueológico de Atenas. Allí tampoco hay que dejar de ver el fabuloso Poseidón o Zeus de bronce, los monumentales Kouroi o los frescos de los jóvenes boxeadores procedentes de Santorini.

AIRE
Chora, Folegandros. 8 de agosto. 9 de la mañana

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Chora, en la isla de Folegandros
Un mar de sábanas tendidas ondea frente a la silueta de Chora, la capital de esta diminita isla, y el blanco téxtil se confunde con el ramillete de casas blancas de la colina. Un camino empinado serpentea hasta la iglesiade la Komímisis tis Theotókou (Asunción de la Virgen), y si ascendemos sus trescientos metros sobre el nivel del mar podremos ver todo Folegandros de un vistazo.

“¡Tendríais que haber avisado! No paran de llamarnos, la gente está desesperada por venir aquí y no queda sitio”. La dueña del hotel Fanivevis, una señora con aspecto de mammaacaudalada y un castellano aristocrático, se llevaba las manos a la cabeza por nuestra negligencia al llegar de noche y no comunicarlo como es debido (“¡con lo solicitado que está esté paraíso!”, venía a decir), mientras su hija, en la sombra, se encendía un cigarro con aires de actriz decadente y ojos de Liz Taylor que han sido muy mirados.

Sin título
Cala en Folegandros
Con sus 15 km de longitud, Folegandros puede recorrerse a pie con la paciencia de los asnos, que de vez en cuando surcan sus caminos, rompiendo parajes desérticos. Alrededor de este lomo yermo, el color y el brillo se agolpa en sus preciosas calas de aguas turquesas, como las que se extienden entre Angali y Agios Nikólaos, en la costa oeste. Se nota que hemos nacido buceando, sorteando el líquido amniótico, porque la inmersión en las aguas, entre peces y arquitecturas rocosas, despierta una paz profunda, una ataraxia –gracias, filosofía griega– que permanece enterrada como un tesoro bajo nuestros naufragios cotidianos.

Centro de Estambul. 14 de agosto. 10 de la noche

humarado
Estambul. Tetería Corulu Ali Pasa
El humo oculta los rostros. Recostados en butacas y almohadones, aspiramos los vapores aromáticos tras un día de fatigas y calores. Estamos en un patio interior, refugiados del caos circulatorio de Estambul que hace que Roma parezca una ciudad transitable y agradable. Por momentos, la vieja tetería Corulu Ali Pasa, muy cerca del Gran Bazar, podría parecer un oscuro antro masculino, pero enseguida llega una muchacha resuelta, envuelta en su velo, para saborear un narguilesolitario (cachimba, shisha) mientras se pone una película en el Ipad. Nicabs y cabelleras al viento, recatos y minifaldas conviven en esta ciudad cosmopolita, donde se diría que los rostros más bellos y mejor maquillados són los que rodea un hiyab (¿será el velo una estrategia para canalizar la mirada?).

celos
Estambul. Parque Gülhane
La luna turca nos observa, desde el cielo y desde las banderas de los edificios oficiales. Un gato duerme en una pequeña cavidad, en un cementerio monumental que da a la calle. De vuelta al hostal, cerca del acueducto romano de Valente, nos adentramos por calles solitarias. De repente, como un trueno, irrumpe la llamada a la oración, con sus gimoteos aflamencados. Si el cristianismo tiene los campanarios, el Islam cuenta con la voz humana, desnuda y esforzada, para contar desde los minaretes las horas que nos quedan en este mundo.

Enseguida volveremos a nuestra luna, al otro lado del Mediterráneo, hacia el occidente. Recuerdo lo que nos dijo el dueño de un restaurante, antes de partir, con un entrañable español de supervivencia. No nos deseó “buen viaje”, ni “buen vuelo”, sino que le salió un imposible “bien voláis”, que más parece un elogio que un deseo. Quizá es lo mejor que te pueden decir en la vida: qué bien vuelas.

Diario de viaje 4-15 agosto de 2015
Día 4-día 7: Santorini. Villa Spyros
Día 7-día 8: Folegandros. Fanivevis Garden
Día 8-día 10: Milos. Christos & Giorgos
Día 10-día 12: Atenas y Sunión. Diros Hotel
Día 12-día 15: Estambul. Imperial Old City