dimarts, 30 de desembre del 2014

'Magia a la luz de la luna': suspiros de un genio cansado

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6,5

¿Y si el amor nos sorprendiera? ¿Y si de pronto una luz desbaratase toda nuestra armazón escéptica? ¿Y si existiera un truco sin resolver, o más aún, un milagro inexplicable? A sus casi ochenta primaveras, Woody Allen se pone sentimental y coge un descapotable hacia la Costa Azul de los años veinte. Desde allí fabula, suavemente, sobre estos y otros novelescos interrogantes.

El de Manhattan regresa a la década del jazz y la felicidad, como si se hubiera quedado a medias tras la escapada de 'Medianoche en París'. De nuevo en tierras francesas, Woody hace un alto en el camino, una mirada distraída hacia el mar o el cielo estrellado: 'Magic in the moonlight' es un pequeño suspiro de su genio cansado.

La falta de pretensiones es la mejor aliada de esta sencilla love story entre un mago sesudo y prepotente (Colin Firth) y una joven médium aparentemente ingenua como una mariposa (Emma Stone). El actor inglés encaja la faena de ser el álter ego del director —por la que ya han pasado Sean Penn, Owen Wilson, Larry David...— y consigue imprimir su propio sello de galán otoñal y elegante. 

Emma Stone es la sorpresa de la función y una verdadera bocanada de aire fresco. Sin manierismos ni gestos estudiados, su interpretación borda ese aire de inocencia casi infantil que el personaje requería, en contraste con la madurez crepuscular del partenaire (¿alguien ha dicho Audrey Hepburn y George Peppard?). Ya podemos considerar a Sophie, esta visionaria de tres al cuarto con un punto de chaladura adolescente, otro monumento femenino del universo de Allen (aunque ciertamente no tan memorable como Jasmine-Cate Blanchett, y Annie Hall-Diane Keaton ya son palabras mayores...).

El contraste entre las dos personalidades permite al director dar rienda suelta a su acostumbrada dialéctica lenguaraz y socarrona. El cómico empeño del protagonista masculino en racionalizarlo todo, llegando a definir su propio enamoramiento como el “surgimiento de sentimientos positivos irracionales”, choca con la indolencia abstraída de ella. Aunque el tono general es de colores pastel, no faltan los dardos envenenados gentileza de la casa (“sólo eres guapa a las ocho y media en verano bajo la luz de la luna”).

Esta vez no podemos enfadarnos con Woody, porque ha logrado embaucarnos, sí, mágicamente, con esa hermosa recreación de los twenties, coloridos y vaporosos como sólo Scott Fitzgerald nos los hizo imaginar en 'El gran Gatsby'. La fotografía y el diseño de producción son intachables, especialmente en el vestuario, incluyendo esos bañadores castos que volverán a ponerse de moda de un momento a otro (al tiempo). 

La película es vintage no únicamente en la forma, sino incluso en cierta manera de narrar, calmosa y un punto caprichosa (¿en qué comedia romántica actual puede alguien echarse a dormir frente a la cámara?). La secuencia del coche estropeado y el observatorio astronómico, con la lluvia sobre los cuerpos, encadena el recuerdo de 'Manhattan' con las ingenuas historias de amor de hace cincuenta o sesenta años. A estas alturas ya no esperamos la última y definitiva obra maestra de Woody Allen, que, como el mago de la película, parece haber cerrado los ojos con fuerza esperando alguna señal redentora o quizá un sueño inspirador durante la siesta.

‘MAGIC IN THE MOONLIGHT’, DE WOODY ALLEN
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dissabte, 27 de desembre del 2014

Religión americana

Peter Sloterdijk
Celo de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos


(…) en Estados Unidos, donde, según la aguda observación de Harold Bloom, en el transcurso del último medio siglo se ha producido una transformación del cristianismo protestante en una “religión americana” postcristiana con acentuadas características gnósticas, individualisras y maquiavélicas.  A consecuencia de ello, la creencia en el Padre ha desaparecido casi sin rastros, mientras que el reino narcisista del Hijo no admite ya resistencia alguna. Si hubiera una trinidad americana habría que proveerla con Jesús, Maquiavelo y el espíritu del dinero. El credo postmoderno fue formulado ejemplarmente por el actor negro Forester Whitaker al cerrar su discurso de agradecimiento por la recepción del Oscar al mejor actor protagonista 2007 con la frase: “Y doy gracias a Dios por haber creído siempre en mí”.

Dios o la sobreinterpretación del silencio


Peter Sloterdijk recela de la religión y la define como una suerte de “sobreinterpretación del silencio”: nadie responde a nuestro dolor, a nuestras plegarias, luego debe existir un Dios trascendente e inaccesible. Según el autor, esta idea de la trascendencia es fruto de la ignorancia, y sin embargo la defiende como guía para las relaciones personales. La idea de un Tú completamente inmanipulable nos previene de la tentación posesiva o dependiente hacia los demás. Joan Pau Inarejos

Peter Sloterdijk
Celo de Dios. Sobre la lucha de los tres monoteísmos

Una tercera forma de trascendencia, susceptible de esclarecimiento, surge del desconocimiento de lo que llamo la «inaccesibilidad del otro» (…) la no reacción de Dios, tan aireada por algunos teólogos, debería interpretarse por de pronto de un modo más plausible. Se trata, en primer lugar, de un simple caso de inaccesibilidad, nada más, y tendrían que cumplirse una serie de difíciles condiciones antes de poder llegar a la conclusión de que quien no reacciona es precisamente por eso un en-frente superior, sí, trascendente. Si alguien contara la biografía propia a un sordomudo no debería concluir de su silencio que prefiere mantener para sí su comentario. La trascendencia surge en tales situaciones de una sobreinterpretación de la falta de resonancia. Se produce debido a la circunstancia de que algunos otros, en principio y la mayoría de las veces, son inaccesibles para nosotros y permanecen, por tanto, independientes denosotros. Por este motivo quedan fuera de las ficciones de simetría que determinan nuestras ideas normales de respuesta, comprensión, represalia y cosas así.

Este descubrimiento puede llevar a la configuración de relaciones razonables entre seres humanos, caracterizadas por la higiene de la distancia correcta. Ante la independencia del otro, fracasa la obsesiva búsqueda de compañero; pero este fracaso significa un gran paso en el camino hacia una libertad capaz de relación. Por eso el sentimiento adecuado al encuentro con una inteligencia que permanece libre también en la cooperación es el agradecimiento por su independencia. Aunque ésta sea, pues, una concepción de trascendencia marcada por el desconocimiento, en tanto significa lo otro por antonomasia habría que honrar a «Dios» como un concepto moralmente fructífero que pone de acuerdo a los seres humanos en el trato con un en-frente inmanipulable.

14 imatges del 2014


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humedad
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Ciudad Vieja de Varsovia
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Eros Bendato
Auschwitz II-Birkenau
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'Big Hero 6': dejad que se mueva el muñeco

por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6

El 90% de la animación actual idolatra la verborrea seudograciosa, el movimiento frenético y la estética del videojuego, y en cambio menosprecia lo más esencial y elemental del género: un muñeco moviéndose. Las correrías de Tom y Jerry, las muecas de Wall-E, los desmontajes del Señor Patata de ‘Toy Story’ o las monerías perrunas del dragón Desdentadose cuentan entre los mejores instantes del género precisamente porque rinden homenaje al gesto puro, al showing frente al telling (mostrar y no explicar).

‘Big Hero 6’ es un ejemplo palmario de esta crisis de ansiedad que sufre la industria. ¿Quién no se llevaría a casa a este androide inflable que parece un cruce de un muñeco de nieve y el monigote de Michelin? El robot sanitario Baymax se podría adueñar él solito de la función, con sus andares torpes, su anatomía transparente y su inexpresividad tan paradójicamente encantadora. Sin embargo, la película rápidamente se olvida de él para meternos en una trillada batalla de gadgets y acrobacias. 

Es una pena, una auténtica pena, que los animadores no se fíen de sus propias creaciones, que no dejen a sus criaturas moverse en libertad. Porque no está pagado ver al gordezuelo Baymax taponando con celo sus fugas de aire, volver a casa sin batería como un borracho o consolar a su dueño con un mecánico "Ea, ea". Esta mascota achuchable nos brinda además una metáfora certera de una humanidad alienada y urbanita que externaliza la ternura y programa las emociones. Los japoneses, creadores de los tamagotchis o Doraemon, saben mucho de esto. No en vano la historia lanza guiños constantes al país del sol naciente y se ambienta en San Fransokyo.

La primera creación fruto de la fusión de los universos Disney-Marvel tiene méritos incuestionables, y a veces recuerda la maravilla de 'El gigante de hierro'. En la onda de las películas post-Pixar, no se puede negar la originalidad del guion ni el poso dramático de la historia, aquí quizá incluso exagerado (hemos pasado de los mundos de color de rosa a hablar una y otra vez de la muerte y las familias desestructuradas). Otra vez se empeñan en convencernos que los malos no son tan malos y que el mundo puede ser de los empollones -y hasta de los frikis-. Pero no hay peor defecto que desperdiciar un gran personaje.

‘BIG HERO 6’, DE CHRIS WILLIAMS I DON HALL
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'Exodus' o l'èpica apàtica

per JOAN PAU INAREJOS
Nota: 3

És curiós. Quan el cinema té més i millors recursos per recrear les històries bíbliques, resulta que en surten productes sense ànima, i en el millor dels casos amb una ànima confusa i tèrbola. Ara que per fi podem obrir el Mar Roig amb tecnologia digital i tot luxe de detalls, no hi ha Charlton Heston per contemplar-ho.

No és que trobem a faltar l’home del rifle i els decorats faraònics de Cecile B. DeMille. O potser sí. Perquè la sumptuositat encarcarada dels anys cinquanta almenys creia en si mateixa. Igual que la versió airosa i musical dels feliços noranta, quan la factoria de Spielberg (‘El Príncep d’Egipte’) ens va deixar una de les millors pel·lícules d’animació tradicional que es recorden.

El problema del Moisès de Ridley Scott no són les seves mancances tècniques, que no en té, ni un protagonista tan solvent com Christian Bale: és la seva inquietant absència de discurs. Milers de cavalls galopen sense direcció, i una sensació de mandra autoral n'impregna cadascun dels fotogrames. En lloc d’obrir les aigües, Scott ens deixa eixuts del més mínim sentiment o espiritualitat. I avorreix.

En la seva ànemia emocional, ‘Exodus’ tampoc acaba de trobar el to meteorològic, i tempteja una fosca conjunció entre el pèplum solar –ai, la llum de ‘Gladiator’- i les batalles medievals de sang i cara bruta. No hi ajuda gens que figures com Ben Kingsley i John Turturro o Sigourney Weaver s’hi passegin amb papers indefinits, clamorosament poc aprofitats i mal construïts. Joel Edgerton o María Valverde directament no se sap què hi fan.

Hem sentenciat que ‘Exodus’ no té discurs, però això, com sempre, és una veritat a mitges. Seguint l’estel·la del ‘Noè’ de Darren Aronofsky, Scott desafia el relat bíblic amb una mena de Cara B sobre el fonamentalisme religiós. Si el patriarca del Gènesi semblava un visionari foll en les faccions de Russell Crowe, el Moisès interpretat per Christian Bale és un guerrer lliurat a unes forces estranyes que no coneix ni controla –la personificació de Déu té un punt terrorífic i psicologista-. De fet, la pel·lícula no conté cap miracle explícit i tot es pot interpretar com una pura quimera gihadista. Si es tractava d'això, no calien tants diners, tanta promoció i tantes falses expectatives de tornar a la Terra Promesa.

‘EXODUS’, DE RIDLEY SCOTT
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dimecres, 17 de desembre del 2014

La metáfora, olvido de Dios


José Ortega y Gasset
La deshumanización del arte y otros ensayos

la metáfora y el cirujano
La metáfora es probablemente la potencia más fértil que el hombre posee. Su eficiencia llega a tocar los confines de la taumaturgia y parece un trebejo (trasto o utensilio) de creación que Dios se dejó olvidado dentro de una de sus criaturas al tiempo de formarla, como el cirujano distraído se deja un instrumento en el vientre del operado.  (La deshumanización del arte, 1925)

la vagina del mundo

En el seno de esta Academia vino a renacer el platonismo, del cual emanaron la nueva física y la nueva moral. Si a esto se agrega que de Miguel Ángel procede el nuevo arte, nos espantará la energía incalculable de aquel paisaje tan reducido en que prendió el germen integral de la vida moderna. Usando de una metáfora atrevida, al buscar Herder sobre el haz de la tierra el lugar donde surgieron los primeros hombres, se preguntaba: ¿Dónde está la vagina del mundo? Florencia es algo así, lugar de alumbramiento, fontana de ideas originales e infinitamente expansivas. (La estética de ‘El enano Gregorio el botero’, 1911)