dissabte, 20 de juliol del 2013

Luis Cernuda dixit

Luis Cernuda
Antología poética (1924-1962)

A un poeta muerto (F.G.L.)
(…)

La muerte se diría
más viva que la vida
porque tú estás con ella

(…)

Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra, 
tras de tanto dolor y dejamiento, 
con su propia grandeza nos advierte 
de alguna mente creadora inmensa, 
que concibe al poeta cual lengua de su gloria 
y luego le consuela a través de la muerte.

‘Las nubes’ (1937-1940)

Vereda del cuco
(…)

Que si el cuerpo de un día
Es ceniza de siempre,
Sin ceniza no hay llama,
Ni sin muerte es el cuerpo
Testigo del amor, fe del amor eterno,
Razón del mundo que rige las estrellas.

(…)

‘Como quien espera el alba’ (1941-1944)

La visita de Dios
(…)

Como el labrador al ver su trabajo perdido
vuelve los ojos esperando la lluvia,
también quiero esperar en esta hora confusa
unas lágrimas divinas que aviven mi cosecha.

 ‘Las nubes’ (1937-1940)

Río vespertino
(…)

Del hombre aprende el hombre la palabra,
mas el silencio sólo en Dios lo aprende.
En la paz vespertina, más humilde
Que el júbilo animal de la mañana,
Lo renunciado es poseído ahora,
Cuando la luz su espada ya depuso

(…)

‘Como quien espera el alba’ (1941-1944)

Las ruinas
Oh Dios. Tú que nos has hecho
Para morir, ¿por qué nos infundiste
La sed de eternidad, que hace al poeta?
¿Puedes dejar así, siglo tras siglo,
Caer como vilanos que deshace un soplo
Los hijos de la luz en la tiniebla avara? 

Mas tú no existes. Eres tan sólo el nombre
Que da el hombre a su miedo y su impotencia,
Y la vida sin ti es esto que parecen
Estas mismas ruinas bellas en su abandono:
Delirio de la luz ya sereno a la noche,
Delirio acaso hermoso cuando es corto y es leve.

(…)

Tu vida, lo mismo que la flor, ¿es menos bella acaso
Porque crezca y se abra en brazos de la muerte?

(…)

 ‘Como quien espera el alba’ (1941-1944)

Poemas para un cuerpo
(…)

Morir parece fácil,
la vida es lo difícil:
ya no sé sino usarla
En ti, con este inútil
trabajo de quererte,
que tú no necesitas.

(…)

Eso basta.

Tú y mi amor, mientras miro
Dormir tu cuerpo cuando
Amanece. Así mira
Un dios lo que ha creado.

Mas mi amor nada puede
Sin que tu cuerpo acceda:
Él sólo informa un mito
En tu hermosa materia.

 ‘Con las horas contadas’ (1950-1956)

Luis de Baviera esucha ‘Lohengrin’
(…)

Contemplar lo hermoso, ¿no es respuesta bastante?

(…)

‘Desolación de la quimera’ (1956-1962)

La familia
(…)

Te dieron todo, sí: vida que no pedías,
Y con ella la muerte de dura compañera.

(…)

‘Como quien espera el alba’ (1941-1944)

Cuatro poemas a una sombra
(…)

“Sigue por las regiones del aspirar oscuro,
No buscando sosiego a tu deseo,
Confiado en lo inestable,
Enamorado en lo enemigo”.

Contra el tiempo, en el tiempo,
Así el presagio loco: “espera,e spera”.

(…)

‘Vivir sin estar viviendo’ (1944-1949)


El ruiseñor sobre la piedra

(…)

Tú, hermosa imagen nuestra,
eres inútil, como el lirio
pero ¿cuáles ojos humanos
sabrían prescindir de una flor viva?
Junto a una sola hoja de hierba
¿Qué vale el horrible mundo práctico
y útil, pesadilla del norte,
vómito de la niebla y el fastido?
Lo hermoso es lo que pasa
negándose a servir. Lo hermoso, lo que amamos,
tú sabes que es un sueño y que por eso
es más hermoso aún para nosotros.

‘Las nubes’ (1937-1940)

Si el hombre pudiera decir
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

‘Los placeres prohibidos’ (1931)

Como leve sonido
(…)

Como todo aquello que de cerca o de lejos 
me roza, me besa, me hiere, 
tu presencia está conmigo fuera y dentro, 
es mi vida misma y no es mi vida, 
así como una hoja y otra hoja 
son la apariencia del viento que las lleva.

(…)

‘Los placeres prohibidos’ (1931)

Como una vela sobre el mar
(…)
Sintiendo todavía los pulsos de ese afán,
yo, el más enamorado,
en las orillas del amor,
sin que una luz me vea
definitivamente muerto o vivo,
contemplo sus olas y quisiera anegarme,
deseando perdidamente
descender, como los ángeles aquellos por la escala de espuma,
hasta el fondo del mismo amor que ningún hombre ha visto.

‘Donde habite el olvido’ (1932-1933)

Te quiero
Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
jugueteando como animalillo en la arena
o iracundo como órgano impetuoso;

Te lo he dicho con el sol,
que dora desnudos cuerpos juveniles
y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
frentes melancólicas que sostienen el cielo,
tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
leves criaturas transparentes
que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
vida luminosa que vela un fondo de sombra;
te lo he dicho con el miedo,
te lo he dicho con la alegría,
con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
más allá de la vida,
quiero decírtelo con la muerte;
más allá del amor,
quiero decírtelo con el olvido.

‘Los placeres prohibidos’ (1931)

La gloria del poeta

(…)

Es hora ya, es más que tiempo
de que tus manos cedan a mi vida
el amargo puñal codiciado del poeta;
de que lo hundas, con sólo un golpe limpio,
en este pecho sonoro y vibrante, idéntico a un laúd,
donde la muerte únicamente,
la muerte únicamente,
puede hacer resonar la melodía prometida.

‘Invocaciones (1934-1935)

Lázaro
(…)

Yo no recuerdo sino el frío
Extraño que brotaba
Desde la tierra honda, con angustia
De entresueño, y lento iba
A despertar el pecho,
Donde insistió con unos golpes leves,
Ávido de tornarse sangre tibia.
En mí cuerpo dolía
Un dolor vivo o un dolor soñado.

Era otra vez la vida.
Cuando abrí los ojos
Fue el alba pálida quien dijo
La verdad. Porque aquellos
Rostros ávidos, sobre mí estaban mudos,
Mordiendo un sueño vano inferior al milagro,
Como rebaño hosco
Que no a la voz sino a la piedra atiende,
Y el sudor de sus frentes
Oí caer pesado entre la hierba.

(…)

Todos le rodearon en la mesa.
Encontré el pan amargo, sin sabor las frutas,
El agua sin frescor, los cuerpos sin deseo;
La palabra hermandad sonaba falsa,
Y de la imagen del amor quedaban
Sólo recuerdos vagos bajo el viento.
Él conocía que todo estaba muerto
En mí, que yo era un muerto
Andando entre los muertos.

Sentado a su derecha me veía
Como aquel que festejan al retorno.
La mano suya descansaba cerca
Y recliné la frente sobre ella
Con asco de mi cuerpo y de mi alma.

(…)

Así rogué, con lágrimas,
Fuerza de soportar mi ignorancia resignado,
Trabajando, no por mi vida ni mi espíritu,
Mas por una verdad en aquellos ojos entrevista
Ahora.  La hermosura es paciencia.
Sé que el lirio del campo,
Tras de su humilde oscuridad en tantas noches
Con larga espera bajo tierra,
Del tallo verde erguido a la corola alba
Irrumpe un día en gloria triunfante.

‘Las nubes’ (1937-1940)

Luis Cernuda
Antología poética (1924-1962)

dimecres, 17 de juliol del 2013

La ducha

http://e-sinsol.blogspot.com.es/
Joan Pau Inarejos
La ducha es el indiscutible templo de la intimidad. Una intimidad rápida e impresionista: no reflexiona como el váter, no se regodea como el baño, no retiene como la cama. Es un encuentro con nosotros mismos a la vez ligero y purgador.

Algo especial debe de tener ese doméstico chorro de agua para que las almas estresadas de este mundo lo aguarden con tanto anhelo como la comida o la bebida. En cierto modo, llegar a casa y ducharse es como despojarse del traje social y sus muchas poluciones. Puede incluir o no el jabón, pero garantiza una limpieza cotidiana del espíritu.

Hay otra virtud de la ducha y es su potencia escapista, su don evasivo. En invierno, uno puede imaginarse a los pies de una cascada sulfurosa o resguardado en una cueva frente al manto vaporoso de las aguas. En verano, la ducha fría invita a surfear por paisajes mentales de luz y libertad playera. Balneario volcánico o chapuzón pop: todo está permitido en el reino de los ojos cerrados.

Se entiende, pues, que cualquier visitante externo deba ser considerado un intruso o un villano. Tan subjetiva es la jurisdicción de esos cinco minutos que ni siquiera permite observadores, pues allí está desnudo mucho más que nuestro cuerpo. Los topos de la cortina marcan la frontera tácita con el mundo hostil de los demás, y por eso las puñaladas de ‘Psicosis’ representan el crimen por antonomasia. Al cerrar el grifo, una voz interior dice ¡corten!, y volvemos a ser figurantes de la vida real.


Recorridos metafóricos por el hogar

divendres, 12 de juliol del 2013

Mircea Eliade dixit

Mircea Eliade
El sagrat i el profà (1957)

“Cansament” del déu
Els éssers suprems d’estructura celeste tendeixen a desaparèixer del culte; “s’allunyen” dels homes, es retiren al cel i esdevenen dei otiosi. Aquests déus, després d’haver creat el cosmos, la vida i l’home, experimenten el que podríem anomenar una mena de “cansament”, com si l’enorme empresa de la creació els hagués esgotat els recursos. Es retiren al cel, tot deixant a la terra el seu fill o un demiürg per acabar o perfeccionar la creació. A poc a poc, altres figures divines agafen el seu lloc; els ancestres mítics, les deesses mares, els déus fecundants, etc. El déu de la tempesta conserva encara una estructura celeste, però ja no és un ésser suprem creador: tan sols és un fecundador de la terra, i de vegades simplement un auxiliar de la seva paredra, la Mare Terra. L’ésser suprem d’estructura celeste només conserva la seva preponderància en els pobles de pastors, i assoleix una situació única en les religions de tendència monoteista (Azhura-Mazda) o monoteistes (Jahvè, Al·là).

Déus salvadors o déus de la fecunditat
Divinitats de la fecunditat, de l’opulència (…). I tammateix, els seus adoradors, tant els primitius com els hebreus, tenien la impressió que totes aquestes grans deesses i tots aquests déus agraris eren incapaços de salvar-los, de garantir-los l’existència en moments realment crítics. Aquests déus i aquestes deesses només podien reproduir la vida i augmentar-la; i encara més, només podien tenir aquesta funció en una època “normal”; les mateixes divinitats que regien admirablement els ritmes còsmics es mostraven incapaces de salvar el cosmos o la societat humana en un moment de crisi (crisi “històrica” en el cas dels hebreus). Les diverses divinitats que van substituir els éssers suprems van acumular els poders més concrets i els més esclatants, els poders de la vida. Però per aquesta mateixa raó es van “especialitzar” en la procreació i van perdre els poders més subtils, més nobles, més espirituals, dels déus creadors. En descobrir la sacralitat de la vida, l’home es va deixar emportar progressivament per la seva pròpia descoberta: es va lliurar a les hierofanies vitals i es va allunyar de la sacralitat que transcendia les seves necessitats immediates i quotidianes.

Enterrament de la bruixa
L’enterrament simbòlic, parcial o total, té el mateix valor màgico-religiós que la inmersió en l’aigua, el baptisme (…). Això explica la creença escandinava que una bruixa pot ser salvada de la condemna eterna si se l’enterra viva, si se sembren llavors al seu damunt i es cull la collita obtinguda d’aquesta manera [Dieterich, ‘Mutter Erde’, p.28 i s.; Nyberg, ‘Kind und Erde’, p. 150].

“Instant auroral”
Per curar el malalt cal fer-lo néixer de nou, i el model arquetípic del naixement és la cosmogonia. Cal abolir l’obra del temps, reintegrar l’instant auroral d’abans de la creació.

Les ànimes mengen sense dits
Els neòfits imiten el comportament dels espectres: no utilitzen els dits per menjar, sinó que agafen el menjar directament amb les dents, com es creu que fan les ànimes dels morts.

Mircea Eliade
El sagrat i el profà (1957)

dimarts, 9 de juliol del 2013

Vidu de bruixa

un relat de JOAN PAU INAREJOS

Estimar una bruixa no és cosa fàcil. Jo me n’he adonat massa tard i ara vagarejo com una ànima en pena, bandejat de tothom i enyorat d’aquell mig somriure. Perquè ella continuava somrient quan ens vam acomiadar per sempre.

Mira si n’hi ha, de dones per enamorar-se. Hi ha actrius, hi ha professores, hi ha funcionàries, hi ha dependentes, hi havia aquella jove que em picava l’ullet quan pujava al tren en la meva època d’estudiant. Però jo em vaig fixar en una adoradora de la màgia negra. Me n'havia d'haver adonat el primer dia, tants gats negres a casa seva.

M’ho diu la meva mare, ets un innocent, i aquella tarda res no em feia pensar que compartia seient amb la descendent d’una raça tan pèrfida. Cap nas aguilenc ni cap riure estrident em van posar sobre avís. La veritat és que era molt guapa.

Recordo les seves primeres paraules, gens sospitoses:

-          Perdoni, té hora?
Jo, torbat per aquells llavis per primera vegada:
-          Les set.

I ella va fer un sospir, com si encara s’hagués de quedar moltes hores asseguda en el banc d’aquell parc tan plàcid, amb l’única companyia d’una mixeta negra que li fregava les cames nues. Era estiu.

La calor sempre m’ha provocat una angoixa indescriptible. És com si l’aire et fes presoner i no deixés respirar l’ànima. Aquell any la xafogor collava de valent i és per això que buscava les zones fresques com un pelegrí. Perseguint l'ombra la vaig conèixer. Havia de ser així.

De seguida em vaig adonar de les seves rutines. Passava gairebé tot el dia entre les fonts i els arbres del parc, dreta o asseguda, com si busqués la solitud, i no tornava a la ciutat fins que el sol es començava a pondre. Fins i tot un dia me la vaig trobar adormida sobre la gespa. Un dels seus gats li llepava la galta.

La nit de Sant Joan ho vaig entendre tot. Vaig esperar amb paciència, estratègicament camuflat entre els vianants que passejaven el gos o feien fúting i, quan va arribar el moment, sigil·losament, la vaig seguir per descobrir on anava, cada dia com un clau a l’hora de la posta de sol. Potser tenia cita amb algú? Li vaig anar al darrere, la vaig escortar al llarg d’uns quants carrers, amb l’esperança cinematogràfica de salvar-la d’algun proxeneta malvat, fins que una música em va fer aturar.

Una música que serpentejava, que feia vibrar l’aire, i que es fonia amb els riures d’unes noies joves. Estranyat, vaig observar l’escena de la cantonada d’un carrer estant. Una gran foguera crepitava enmig de la fosca. Sobre un descampat que duia un rètol de “terreny en venda”, les noies havien fet la seva pira i ballaven al voltant de les flames, amb danses extasiades. Cantaven en idiomes incomprensibles. No hi havia res ni ningú més al voltant. Només gats, i un estol de rats-penats que anava i venia amb un ritme cíclic. Jo la buscava a ella, la buscava amb la mirada com qui busca una agulla en un paller. La buscava i no la trobava perquè no era a la rotllana. Era damunt dels nostres caps, sobrevolant el foc.

Per alguna raó, no vaig sentir el calfred de sorpresa i horror que es podria haver esperat, i vaig aprofitar aquesta calma regalada per fixar-m’hi bé. La misteriosa donzella voleiava sobre nosaltres, els cabells se li estarrufaven com si bussegés i semblava alimentar-se de la intensa fumarada que emanava de la foguera. El més estrany era la seva expressió. Les companyes de ritual reien de valent, s’enjogassaven sorolloses, i en canvi ella semblava trista. Molt trista. El seu vol nocturn feia la impressió d’una condemna.

Vaig continuar amagat fins que la munió de noies es va esbargir. A algunes se’ls endevinaven els tirants del biquini i potser anaven cap a la platja a barrejar-se amb els mortals. Podien passar com qualsevol altra xicota. Que en som, de crèduls. Tenim les coses al davant i no les veiem.

Sota la resplendor intermitent dels focs artificials, que de tant en tant solcaven el cel, vaig veure com es quedava tota sola per apagar les brases, i un impuls jovenívol em va empènyer fins a ella.

-          T’he vist.
-          Com?
-          T’he vist volant. Ara mateix.

Es va quedar sense paraules, com si l’hagués raptada una vergonya extrema o la certesa horrorosa que havíem trencat algun precepte ancestral. Queia un plovisqueig d’estiu i tenia el serrell mullat.

-          Tu no hauries de ser aquí –em va dir.

Li vaig dir la veritat: que la coneixia del parc, que l’havia seguit, que m’intrigava la seva vida estranya i les seves llargues solituds. Que no en sabia res d’ella però que em preocupava si estava ficada en algun embolic. Li vaig dir que no tenia cap prejudici cap a les coses sobrenaturals i que volava molt bé. I em va fer un mig somriure.

Mai no em va voler dir com es deia, així que vaig tenir l’exòtic privilegi d’anomenar-la com vulgués. Li vaig posar un nom lluminós, una paraula bonica que ignorava completament el nostre destí tràgic. Blanca, el meu turment.

Vam viure plegats a casa seva, i fins i tot vaig poder superar els meus recels atàvics contra els gats. La Blanca va trobar algú a qui podia explicar les seves servituds nocturnes i, envoltada de la seva fillada mioladora, amb un platet de llet a les mans, m’explicava les mil i una peripècies d’aquella vocació que no havia triat. Com s’havia d’amagar d’una civilització hostil, com havia de fugir d’una humanitat que no la comprenia. Jo dormia de nit i ella de dia, però no ens importava la diferència horària, ni tampoc que ella fos mil anys més gran que jo. Érem feliços i rèiem, com aquell dia que li vaig preguntar on tenia amagada l’escombra. M’agradava espiar-la quan plovia i feia sol, mentre es pentinava una cabellera sobtadament brillant i tenyida amb els colors de l’arc de Sant Martí. Els humans desconeixem aquests instants sagrats i només sabem que després d’un dia en ve un altre.

Encara no entenc què es va tòrcer entre ella i jo, entre jo i ella, el cas és que la Blanca, poc a poc, es va abstreure en la seva tristesa antiga. Primer m’esquivava, després m’evitava i al final buscava, com una bèstia esquerpa, aquella solitud que tant l’havia acompanyada. Em llevava de matinada i me la trobava al balcó, recitant encanteris en llengües estranyes. Una veu fina que s'apagava amb la meva presència. Tornavem a ser estranys.

Quan vaig aconseguir parlar-hi, em vaig adonar que era més seriós que no em pensava. No te n’adones, em deia. Tu et vas fent gran i jo no envelleixo. Podrem continuar gaire temps així? De cua d’ull, el vidre de la finestra em retornava la imatge de les meves temples, que, certament, es començaven a emblanquinar. Jo intentava convèncer-la que això no ens podia separar. Però ella s’aïrava, s’enfadava amb ella mateixa i els llums de casa feien espetecs elèctrics. Una bombeta es va fondre de cop i la ferum de cremat es va interposar entre nosaltres.

No volia saber res, no escoltava res, i amb els ulls curulls de llàgrimes, repetia que no em volia fer company de viatge de la seva condemna eterna. Vosaltres no en teniu ni idea, però no hi ha res pitjor que saber que no et moriràs, que seguiràs fent guàrdia en aquest món cruel quan ja no hi quedi ningú. Quan ja no hi siguis tu.

Ja no sortia a volar. Ni tan sols amb la lluna plena. S’aïllava cada cop més, i els cabells, pàl·lids, ja no se li encenien amb la conjunció del sol i la pluja. Només hi ha una solució. La seva frase va ressonar com un llampec en una d’aquelles nits de pleniluni. Només hi ha una solució, va repetir. Immòbil i d’esquenes, els cabells se li cargolaven tots sols. Sí, era com si bussegés.

-          Què vols dir? –la veu trencada.
-        Només hi ha una solució perquè ens tornem a trobar. M’has d’enterrar viva.

La sang se’m va glaçar a les venes. Volia pensar que estava somiant. Però la frase era terrible i certa. M’ho estava demanant. Amb els ulls vermells de plorar, tot d'una greu i resolta, va continuar parlant:

-          És l’única manera que tenim les bruixes d'escapar de la condemna eterna. Ni tan sols així és del tot segur, però és l’única esperança que tenim. De veure’ns en una altra vida. Hi creus?

No vaig saber què respondre. No vaig saber exactament què em preguntava. Els gats miolaven suaument, com si volguessin omplir aquell silenci incòmode, aquell silenci que anunciava la quietud sepulcral.

-          Faré el que tu em demanis.

Ets un innocent. La frase de la meva mare em rondava pel cap mentre caminàvem junts, donats de la mà, i jo carregava sobre l’espatlla aquella pala rovellada que podia ser l’últim instrument del nostre amor. La lluna ens il·luminava. Ella no feia ombra. Mai no en feia. Estava més serena que mai i jo no podia parar de pensar en aquells llavis que aviat serien sota terra.

La Blanca em va dir que les bruixes només es poden salvar si es recull la collita de la terra on han estat sepultades. Cada dia hi passo per examinar els brots, i m’estiro ensumant una fragància sense saber si és la seva, sense saber si estimo una viva o una morta.


dilluns, 8 de juliol del 2013

Star Trek: gozando en la oscuridad

per JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8,5

Hasta hace poco, las cejas arqueadas de Mr. Spock remitían a tiempos pasados y a momentos de parodia de sobremesa. Muchos vieron en el porte hierático de este ser alienígena la caricatura perfecta de Juan José Ibarretxe, y hasta el propio lehendakari acabó abrazando a su doble vulcaniano en el calor de una campaña electoral. Cachondeo y confeti.  Hoy las cosas han cambiado. El inquilino de Euskalprise ya no está en la nave, ni tiene pelo para el gag, mientras Spock ha resucitado con facciones del siglo XXI.

El autor de este milagro galáctico es Jeffrey Jacob Abrams, el todopoderoso rey Midas televisivo ('Lost') que parece empeñado en convertir en espectáculo de calidad todo lo que toca. La jugada es maestra: recuperar una iconografía de culto -Star Trek- y llevarla al ágora del gran público con el ADN del mejor Spielberg. Lo que se antojaba decadente o freaky, voilà, es hoy una de las mejores sagas de la ciencia-ficción de Hollywood. Sólo Abrams, experto cartógrafo de los procelosos viajes en el espacio-tiempo, podría haber parido algo tan moderno y a la vez tan irresistiblemente vintage. ¡Spock is cool!

Quizá los trekkies sientan una justa sensación de expolio, el caso es que por aquí seguimos encantados con la gozosa ¿herejía? que Abrams emprendió en 2009 y que ahora remata para nuestro éxtasis palomitero. Gracias a los dioses, su segunda entrega ofrece más de lo mismo: espectáculo grandioso, brío narrativo, gestión astuta del suspense, guion bruñido como el acero y personajes creíbles insuflando verdad y emoción al relato. Salvando las pictóricas distancias, Abrams consigue algo parecido a lo que El Greco, Rembrandt o Velázquez en sus lienzos: que cada personaje tenga su fisonomía y su psicología en medio de la multitud. Individuos concretos, almas recortadas en el paisaje.

El nuevo 'Star Trek' es tanto o tan poco como puro suministro de placer cinematográfico. Sus 15 primeros y maravillosos minutos descargan humor y adrenalina como sólo sabía hacerlo Indiana Jones cuando huía de las tribus enemigas. Lástima que Chris Pine no esté a la altura de Harrison Ford y su media sonrisa canalla. A este humano quiero-y-no-puedo se lo come con patatas ese grandísimo extraterrestre llamado Zachary Quinto. Fíjense en el silencioso heredero de las cejas arqueadas, porque está pidiendo un Óscar a gritos.


STAR TREK: EN LA OSCURIDAD DE J. J. ABRAMS
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