dimecres, 4 d’abril del 2012

Del couch potato al social viewer

Estem tan hiperconnectats, diu Mike Ibáñez, que ara el més subversiu seria escarxofar-se al sofà i mirar passivament la televisió, sense participar en l’eixam neoproletari del feed-back digital. Homer Simpson, la nova icona llibertària?
   
Mike Ibáñez
Temps era temps quan la caricatura televisiva era quelcom semblant a això: un paio arrepapat en el sofà del salonet, envoltat per bosses de snacks i llaunes buides, fotent-li indolent al comandament amb el qual canvia de canal un voluminós televisor que escup programes infectes, entrant la ment del paio en hipoactivitat, en un estat alfa, vivint passiu una experiència colesterotrònica. Un couch potato, una patata de sofà davant una caixa tonta. Tot això ha canviat. Aquesta pantalla tanoca i monologant ha deixat de ser una caixa tonta per convertir-se en una Smart TV, un quadre llest i replicaire; al passiu espectador l’hem posat a fer fúting mental i no està envoltat per bosses i llaunes, està rodejat per gadgets (…). Res de couch potato; ara a aquesta neuròtica caricatura l’anomenarem social viewer, espectador social. Hem passat de la passivitat a la hiperactivitat estressant (…). Encara que el televisor del couch potato el del social viewer s’assemblen com un ou a una castanya, a l’aparell se’l segueix dient televisor per poder ocupar aquest lloc privilegiat en les llars: la pantalla central domèstica. Però ha venut la seva ànima a internet (…).

L’audímetre ha quedat desfasat. El nou mesurament és aquell que facis del buzz, el brunzit, el rum-rum que genera l’espectador social a les xarxes respecte a la televisió. La monumental ciberxerrameca que genera aquesta massa és quantificable i fins i tot traduïble a xifres (…). Així, l’atrafegat espectador social, batejat afectuosament com iDiot, seria una mostra, e vegades MOLT estakhanovista, d’aquell neoproletariat digital assetjat per pantalles intel·ligents. Un altre tipus de servitud voluntària. Un do i una maledicció: estar connectat, hiperconnectat (…).

Acabes enyorant l’ociós couch potato de l’inici, reivindicant el dret d’empassar tele a l’engròs sense més activitat que això (…). Una oportunitat per desconnectar. Desconnexió. Entrar en un improductiu estat alfa o fins i tot doble alfa (AlfAlfA), com un rotllo zen de tot a cent (…), quelcom que podrà arribar a ser considerat per la Policia del Pensament d’aquí no massa com un subversiu exercici de tele antisocial, o almenys asocial.

Mike Ibáñez
Article ‘Caixes tontes i couch potatos’ 
al suplement ‘Cultura/s’ de ‘La Vanguardia’, 28 març 2012
Imatge: muntatge fotogràfic de Joan Pau Inarejos

dimarts, 3 d’abril del 2012

‘Génesis’ o cómo se hizo [REC] su propia parodia


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 7,5
Muy hábil. Los creadores de [REC] se han hecho su propia parodia, y así ya no vendrá una Spanish Movie de tres al cuarto a rentabilizar en clave cómica sus taquilleros muertos vivientes. Inteligente operación de Paco Plaza para proseguir con el historial de la infección, que estalló con sangrienta originalidad en un bloque de pisos de Barcelona ([REC] 1) y que más tarde se vistió con innecesarios pero resultones ropajes demoníacos ([REC] 2). En el tercer asalto, ya sin Jaume Balagueró, el director valenciano tira de cachondeo fallero y nos cuenta en un resuelto plis-plas (77 minutos) el origen de aquella temible Gripe Z(ombi) con el marco incomparable de una boda hortera y cien por cien española, donde los litros de sangría se medirán con los de hemoglobina.

La banda sonora habla por sí misma. Los decibelios de ‘Eloise’ de Tino Casal o ‘Gavilán o paloma’ de Pablo Abraira acompañan cual alegre Karaoke los fastos carnívoros de estas nupcias donde uno quisiera acudir como convidado de piedra (más que nada, para que no le arranquen la cabeza), mientras Diego Martín y sobre todo una intensa Leticia Dolera entonan el “ni te cases ni te embarques” o el “con quien zombis se acuesta, mutilado se levanta”, por tunear sin permiso de la SGAE algunos refranes castellanos aptos para desaconsejar incursiones temerarias por la vicaría.

La susodicha Sociedad General de Autores y Editores, el mismísimo Bob Esponja o los directores con ínfulas vanguardistas son algunos de los ninots que arden en esta falla desmadrada, que mata magistralmente el recurso de la cámara doméstica (¡qué golpe!) y reúne con zorruna pericia al público internauta, a los freakies del terror underground y a las grandes audiencias palomiteras. En tal empeño, la tribu de Plaza no escatima citas y autoguiños constantes, como esos zombis que devuelven la imagen de la niña Medeiros al reflejarse en los cristales (ver las anteriores entregas), ni gozosos hallazgos icónicos, como la novia terrible que empuña la motosierra (“es mi momento”, el grito de guerra de la España-realityy belenestebanista) o la descacharrante agresión con la minipimer, una perla para los anales del gore.

¿Se pasa miedo? Menos que antes, y ahí quizá está el inevitable talón de Aquiles del festín anarcoide de Paco Plaza. Sólo algunas escenas del inicio, como la caída del tío infectado en pleno baile, el nada inocente primer plano de la mano mordida por un perro, o sencillamente el naturalismo entrecortado, que nos hace presagiar algo terrible, nos permiten entroncar con el lejano [REC] 1, donde a uno le asaltaba la duda de si todo aquello estaba ocurriendo realmente en el calor del directo. Se echa de menos aquel pavor y aquella sensación de espectador engatusado en un cruce de ‘España directo’ y ‘La noche de los muertos vivientes’. Veremos qué tal pinta el Apocalipsis.


dimecres, 28 de març del 2012

Bruselas: la portera rara de Europa

Por Joan Pau Inarejos

Diario de viaje 23-25 marzo 2012
Joan Pau, Jose y Javi
  
MANEKE 
No es muy épico para una ciudad que su principal icono sea un niño meando, aunque los catalanes poco podemos decir al respecto, con nuestro caganer defecando sobre las solemnes fiestas navideñas. El Manneken Pis nos recibe como anfitrión escatológico de Bruselas y sobre todo como criatura engullida por el Herodes del turismo: a escasos metros se alzan otros tantos Manekken Pis hechos de chocolate, mucho más grandes y fotogénicos que el triste y oxidado cupidillo.

Más allá de la diplomacia urinaria, la pobre capital belga también arrastra el sambenito de su desgobernanza lingüística y europea. Brussel o Bruxelles, capital de una diminuta nación mal avenida y a la vez hogar de Europa y de la OTAN, algunos la imaginan como un agujero gris en el alma del continente. A la vera del Parlamento comunitario, con su silueta de gramola gigante, no asoma la grandeurparisina ni la elegancia fluvial de Amsterdam. Más bien una silenciosa tristeza invernal entre su procesión de banderas, mientras una mujer de bronce levanta el símbolo del euro como si le persiguiera la mismísima prima de riesgo.
  
PUZLE BRUS
Pero de las patrias pequeñas salen las mejores excentricidades o, por volver nuevamente el imaginario catalán –que también sabe mucho de estrecheces bilingües- en el pot petit hi ha la bona confitura. Esta rareza hace de Bruselas una ciudad bifronte entre lo burgués y lo surrealista, perdida en los ensueños vegetales del art nouveau y a la vez entretenida en las viñetas del cómic (bande dessinée), un microcosmos donde las pesadillas solitarias de René Magritte conviven con el tupé exportable de Tintín. Además, lejos del gris burocrático, la tan subestimada urbe no anda corta de belleza señorial, con la soberbia Grand Placey su desfile de hastiales caprichosos, o la magnificencia romana y barroca de la iglesia de Saint-Jean Baptiste, todo regado con el alma cervecera y juvenil de sus noches, como corresponde a las urbes centroeuropeas y erasmistas (de los Erasmus universitarios, claro).

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A la postre, el puzzle bruselense quedaría incompleto sin su dibujo mestizo –el barrio de Ixelles- y sus ramalazos de gigantismo: véase el asombroso Atomium, en las afueras de la ciudad, la monumental molécula que en el día de nuestra visita cobijaba bajo sus titánicas esferas de acero una algarada amarilla de futboleros, quién sabe si celebrando o deseando una victoria en el vecino estadio de Heysel. La estructura de 103 metros fue diseñada en 1958 por André Waterkeyn, aunque podía haber salido perfectamente de las manos de Claes Oldenburg, con su Pop Art monumental que convertía cerillas o cucharas en imponentes tótems urbanos. Y lo de meterse dentro de un átomo para ver la ciudad vendría a ser un cruce vertiginoso entre la física cuántica y las aventuras freaks de El chip prodigioso. Hoy sabemos que existen partículas aún más pequeñas que el átomo, así que los arquitectos de la vieja Bruselas tienen, si se lo proponen, otro reto excéntrico.

por JOAN PAU INAREJOS 
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‘Luces rojas’: juguete de lujo


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 8
Rodrigo Cortés nos metió en una tumba y ahora nos lleva… ¿al más allá? Arriesgado viaje: viniendo de aquel thriller rompedor y compacto sobre un hombre enterrado en vida (‘Buried’), podíamos temer una deriva hacia la pura gaseosa psicometafísica. Pero el gallego ha vuelto a asombrarnos. Aun con sus meandros dramáticos y sus innecesarios empachos de guion, ‘Luces rojas’ es un artefacto original, entretenido, sugerente y soberbiamente facturado. Un juguete de lujo.

Claro que sus padrinos no son unos cualesquiera. Sigourney Weaver y sobre todo Robert de Niro confirman su condición de tótems del estrellato hollywoodiense, capaces de interpretar y convencer la pantalla con su sola presencia envolvente. Ella, siempre enfundada en el traje de heroína de la ciencia-ficción, esta vez como investigadora de fraudes paranormales. Él, como un mentalista de fama mundial, Simon Silver, gozosamente siniestro y al mismísimo filo de la parodia (porque él lo vale), en el papel de un Anthony Blake global. Sin olvidar a Leonardo Sbaraglia como fenomenal iluminado de tres al cuarto.

No faltan los desafíos icónicos –la jefa es una mujer, la doctora Matheson, mientras que el becario-azafato es un hombre, el joven Cillian Murphy-, ni la estética vintagede las universidades y las polvorientas cintas de grabación, ni sobre todo una puesta en escena sólida como una roca, propia de los maestros más veteranos, desde el inicio hitchcockiano o la desquiciante visita al consultorio del mentalista (cuán cerca de ‘Shutter Island’) hasta el frenazo en la carretera ante una inquietante mendiga, pasando por la pavorosa operación perpretrada por Simon Silver a vientre abierto (buf) o esos pájaros, otra vez hitchcockianos, impactando violentamente contra el cristal…

Rodrigo Cortés nos lanza a una compleja y desasosegante búsqueda de la identidad, a través de la certera denuncia de estos farsantes y telepredicadores que tanto frecuentan las terminales mediáticas del capitalismo secularizado (Goya diría que el sueño de la razón produce monstruos, y Chesterton que cuando no se cree en Dios, se cree en cualquier cosa), aunque, atención, respetable público, el suelo narrativo que pisamos se transmutará radicalmente. Ojo a la pantalla.

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dijous, 22 de març del 2012

Elogio de la brevedad


Ser claro y ser breve son requisitos indispensables del buen gusto. Si tú no eres capaz de transmitir tus ideas, aquellas que has estado cultivando amorosamente, con la brevedad de un café y con la misma emoción que tú has puesto al investigarlas, a un hombre culto, el problema no lo tiene el hombre culto, el problema lo tiene uno mismo. 

Javier Gomá
Entrevista en ‘Abc’, 21/3/2012 por su obra ‘Todo a mil’
http://bit.ly/GLHy7p

dilluns, 19 de març del 2012

BORGES DIXIT

Breves pasajes de Jorge Luis Borges


Dunraven, versado en obras policiales, pensó que la solución del misterio siempre es inferior al misterio. El misterio participa de lo sobrenatural y aun de lo divino; la solución, del juego de manos.
 cuento ‘Abenjacán el bojarí, muerto en su laberinto’ en ‘El Aleph’ (1949)

Un día o una noche -entre mis días y mis noches ¿qué diferencia cabe?- soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárcel, y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando: con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil: la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: "No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de los granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable, y morirás antes de haber despertado realmente”.

Cuento ‘La escritura del dios’ en ‘El Aleph’ (1949)

Además, le exigían maravillas y la maravilla es acaso incomunicable: la luna de Bengala no es igual a la luna del Yemen, pero se deja describir con las mismas voces.  

CUENTO 'LA BUSCA DE AVERROES' EN 'EL ALEPH' (1949) 

En los velorios, el progreso de la corrupción hace que el muerto recupere sus caras anteriores. En alguna etapa de la confusa noche del seis, Teodelina Villar fue mágicamente lo que fue hace veinte años (...) Rígida entre las flores la dejé, perfeccionando su desdén por la muerte.

CUENTO 'EL ZAHIR' EN 'EL ALEPH' (1949) 

Para perderse en Dios, los sufíes repiten su propio nombre o los noventa y nueve nombres divinos hasta que éstos ya nada quieren decir. Yo anhelo recorrer esa senda. Quizá yo acabe por gastar el Zahir a fuerza de pensarlo y de repensarlo, quizá detrás de la moneda esté Dios.

CUENTO 'EL ZAHIR' EN 'EL ALEPH' (1949) 

dimarts, 13 de març del 2012

‘La invención de Hugo’: Disney ya está inventado


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LABUTACA
por JOAN PAU INAREJOS
Nota: 6
Leyendo las críticas de ‘La invención de Hugo’ uno se pone conspiranoico. ¿Habrá tantos plumillas comprados? ¿Es capaz el todopoderoso marketing de Hollywood de sobornar conciencias o al menos de obnubilarlas? Hablan de homenaje al séptimo arte, de poema cinematográfico... ¿Por qué no se dice la verdad, y es que Scorsese simple y llanamente se ha avenido a hacer una superproducción disneyana y de escasa ambición autoral?

Porque, ¡vaya por Dumbo!, Disney ya está inventado. Congelado o recalentado, en cuerpo o en espíritu, el mago de los dibujos animados lleva siete décadas fabricando como nadie estas fábulas familiares con niños heroicos, Merlines y villanos de pega que desfilan por escenografías neomedievales o seudodecimonónicas, casando a los hermanos Grimm con Dickens y Victor Hugo. Si al menos lo hubiera hecho Spielberg, tendría un pase. Al fin y al cabo el de Cincinatti se pirra por las historias de huérfanos entrañables que corren aventuras y encuentran un nuevo padre en la otra dimensión, psíquicamente casi sin despeinarse.

Pero lo ha hecho Martin Scorsese, el de ‘Taxi driver’, y peor, el que hace cuatro días nos asombraba con ‘Shutter Island’, unas de las mejores películas de lo que llevamos de siglo XXI. Y cuando un chaval de catorce años da más la talla que un director de 70, definitivamente algo falla. Hablamos, por supuesto, del jovencísimo inglés Asa Butterfield (‘El niño del pijama a rayas’), que roba los mejores planos –con permiso de Sir Ben Kingsley- de esta fantasía literaria llevada al cine, magníficamente facturada, sobre el encuentro de un niño con el legendario cineasta Georges Méliès a través de un misterioso robot en el París de los años 30 (ah, iba de esto, y creo que también sale Jude Law).

Que todo la movida se venda como un panegírico del pionero del cine todavía suena más a burla, porque, sin dudar de las buenas intenciones de Scorsese y de su sincera admiración por Méliès (Déu nos en guard, como decimos en catalán), toda la grandilocuencia y los denodados esfuerzos por unir lo dramático, lo siniestro y lo cómico se estrellan contra un guion convencional que ni emociona, ni da miedo, ni hace reír. Es decir, lo contrario del cine.