dimecres, 11 de novembre del 2009

Tele-Chávez

Chávez está más cerca de las telenovelas que de la Revolución

Aunque desee colarse en el firmamento de las leyendas revolucionarias del continente, en realidad la épica de Chávez está en otro lado. Tiene más de show televisivo que de guerra de guerrillas. Aunque no le guste, Chávez está más cerca de la escritora de telenovelas Delia Fiallo que del Che Guevara. "Amor con amor se paga", sigue siendo su lema más eficaz. Igual que en la telenovela, eso es lo que mejor administra: la esperanza de los pobres.


ALBERTO BARRERA, ESCRITOR Y AUTOR DE NOVELAS VENEZOLANO

EN EL SUPLEMENTO 'CULTURA/S' DE 'LA VANGUARDIA', 11/11/2009


dilluns, 9 de novembre del 2009

'The box': en cristiano, una paja mental


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
¿y tú qué opinas? ¿qué películas te han gustado últimamente?

por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 5,5

A este thriller hay que agradecerle una cosa: por lo menos, no es el típico producto en serie que parece esconderse tras la enorme efigie de Cameron Díaz, anunciando un sobado dilema moral: "Si pulsas, alguien morirá" (Uh, piel de gallina).

No. Finalmente 'The box' no es un thriller de McDonalds, sino más bien un largo e indigesto guisado donde burbujea todo lo habido y por haber en los mundos del suspense. A partir de un clásico objeto desencadenente -una caja misteriosa que permite enriquecerse matando a personas anónimas- la película emprende un embriagado viaje desde las sociedades secretas hasta la moraleja sobrenatural new age pasando por el terror de carretera y la conexión marciana. Vamos, que Richard Kelly ha pasado por el túrmix todos los best-sellers de gasolinera.

Si una paja hizo famosa a Cameron Díaz en 'Algo pasa con Mary', no es probable que la paja mental de 'The box' la consagre para el Oscar, pero de justos es reconocer que la ex modelo californiana salva los muebles de la película con su convincente ademán de mujer abrumada.

Le ayuda todo un veterano como Frank Langella en su papel de oscuro tentador (con una gratuita mutilación facial incluída). No puede decirse lo mismo de James Marsden, que ejerce aquí de perfecto backstreet boy sin mayores empeños interpretativos. Qué le vas a pedir al muchacho.

Como broma y como experimento, 'The box' pasa la prueba. La aceptamos como animal de compañía (cinematográfica). Y qué caray; ha llegado un momento que cualquier excursión a los cerros de Úbeda resulta más gratificante que chapotear en la mierda prefabricada que sirven las carteleras nuestras de cada día (y no miro a nadie).


dissabte, 7 de novembre del 2009

'Mi vecino Totoro' (1988): fantasías de peluche


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
¿y tú qué opinas? ¿qué películas te han gustado últimamente?

por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 6

Pocos niños no han soñado alguna vez que los peluches de la cama cobran vida y se convierten en sus cómplices. Sobre este mito infantil se edifica Mi vecino Totoro, un clásico de la animación japonesa del director Hayao Miyazaki que narra el encuentro entre dos pequeñuelas y un grupo de Totoros o aterciopelados espíritus que habitan en el bosque.

Frente a los espasmos del Manga y el narrativismo disneyano, Miyazaki consigue bastir un mundo propio, donde la naturaleza respira con lentos y líricos oleajes; los Totoros, gatobuses y duendes del polvo vagan y vuelan por paisajes verdes y acuosos, alejados del mundanal ruido, que evocan la vida rural japonesa de los años 50.

Además, algo infrecuente en el género infantil, Miyazaki imprime un acento dramático con el trasfondo de una madre enferma, de modo que los caminos secretos de la fantasía devienen al mismo tiempo una huída o transfiguración de la tristeza.

Sin pretensiones ni fuegos de artificio, Totoro busca sobre todo la sonrisa infantil, así que, adultos buscadores de emociones fuertes, absténganse.


dimarts, 3 de novembre del 2009

Barroco estupefaciente


músculo y vello


SERGIO GIVONE
"Realidad que comienza a parecer tan ligera, infundamentada y estupefaciente como una obra poética"

Las poéticas del barroco actúan, en efecto, en el sentido de un verdadero desarraigo de la tradición metafísica hasta tal punto que pueden considerarse anticipadoras de un fenómeno que marcará visiblemente la cultura moderna. ¿Qué significa reducir el arte a una dimensión de "maravilla" e "invención", como propone [Giambattista] Marino, sino liberarlo de finalidades miméticas (por tanto, también didácticas o hedonistas) y devolverlo a la libre e inagotable producción de significados?,

¿y qué significa disolver lo real en los juegos de la poesía y de la imaginación, en los artificios del lenguaje, en el torbellino de las metáforas lanzadas a un infinito punto de fuga, como quería Góngora, sino que el propio universo simbólico y mitológico se libera a sí mismo, y, por tanto, recoconocerle el mismo estatuto que a la realidad? Realidad que comienza a parecer tan ligera, infundamentada y estupefaciente como una obra poética, justo en el momento en que la poesía se muestra como el instrumento capaz de revelar esa ligereza y esa falta de fundamento...

(No hay que olvidar que las imágenes del torbellino, de la elipse infinita, por no decir la de nuestro rodar hacia una x, es decir, las imágenes con las que se ha querido caracterizar la condición moderna, están todas ellas ligadas a la revolución copernicana, que, como ha sido correctamente observado, posee ya un alma barroca.)


SERGIO GIVONE, 'HISTORIA DE LA ESTÉTICA' (1988)


dilluns, 2 de novembre del 2009

'A la deriva': desesperación con apuntador


LA PELÍCULA EN LA MEJOR WEB DE CINE: LA BUTACA
¿y tú qué opinas? ¿qué películas te han gustado últimamente?

por JOAN PAU INAREJOS

Nota: 6

Una joven cooperante huye de los traumas del África negra y se refugia en los rigores de un misterioso centro de internamiento, donde trabajará como vigilante de seguridad. Este es el punto de partida de A la deriva, la nueva obra de Ventura Pons -basada en una obra de Lluís-Anton Baulenas- que propone una fábula teatral -y teatralizada- sobre la muerte de las utopías.

Fracasado el sueño altruísta de la ONG, nublado el máximo horizonte ético, la antiheroína Anna (Maria Molins) desechará cualquier reliquia de su antigua vida estable, llámese familia, pareja u hogar, y se lanzará a vivir entre lugares de paso tan banales como cámpings poblados por guiris o estaciones de servicio donde se celebran verbenas.

Lo mejor. A la deriva plasma certeramente la búsqueda desesperada de intensidad tan cara a los urbanitas contemporáneos: autocondenada a las prisiones de la mediocridad, Anna buscará la última utopía, el último chute, directo a la vena, en forma de fantasía apasionada con un extraño lisiado que la llama por su nombre, como oscuro tambor del inconsciente.

La película se beneficia de portentosas interpretaciones: Maria Molins y Roger Coma bordan sus papeles de extraños heridos que se encuentran en asépticos limbos, cubículos por donde también desfila todo un Fernando Guillén, encarnando a un demente que asiste a la historia como insólito convidado de piedra.

Lo peor. Pero pese a las rotundas individualidades, el conjunto acaba resultando discursero y envarado, marca de la casa de Ventura Pons. A buen seguro los 90 minutos de la cinta son puro caviar intelectual, exquisito manjar decadente, y, aunque sobre gastronomía cinematográfica no hay nada escrito, me cuento entre los espectadores que prefieren derribar bastidores y bajar a la calle para saborear el menú del día.


Postdata. En A la deriva también asistimos con cara de palo a una serie de escenas en las que el histriónico Boris Izaguirre se limita a interpretarse a sí mismo, sin mayor justificación narrativa. Corta, pega, y que viva el cameo.