diumenge, 25 de novembre del 2007

El 90 por ciento de las criaturas abisales producen su propia luz

EFE 4 - 12/12/2007 18:09:00 - LIBRO ABISALES

Esponjas de cristal, holoturias luminosas, anélidos de colores, medusas aterciopeladas; la bioluminiscencia se produce gracias a una reacción química que genera una luz ‘fría’”

Madrid, 12 dic (EFE).- El 90 por ciento de los animales de las profundidades marinas es capaz de crear su propia luz, incluso los corales y las esponjas, ha explicado hoy Claire Nouvian, periodista y autora del libro "Criaturas abisales", durante su presentación.

La bioluminiscencia, comenta Nouvian, se produce gracias a una reacción química que genera una luz "fría" que permite a los animales, entre otras funciones, localizar a sus presas o confundir a sus depredadores.

En el libro, de la editorial La esfera de los libros, aparecen más de 300 fotografías de especies abisales como las esponjas de cristal o las globo verde, holoturias luminosas, anélidos de colores, así como medusas aterciopeladas o las farolillos de papel.

“Nouvian ha reconocido ‘llorar de emoción’ cuando se apagaban las luces del batiscafo”

A la autora le ha llevado más de tres años recopilar toda la información que aparece en los textos, para lo que ha contado con la colaboración de numerosos investigadores internacionales y con su experiencia personal en diversas inmersiones.

Nouvian ha reconocido "llorar de emoción" cuando se apagaban las luces del batiscafo y aparecía en la profundidad del océano cientos de extrañas criaturas, que posiblemente nunca nadie había visto jamás.

Algunos peces forman uno de los grupos de aspecto más "monstruoso" que vive en esas profundidades, como los diablos negros, el tiburón lagarto, las anguilas degolladas, el yelmo de nariz cuadrada, el pez fútbol, los dragones o los engullidores.

Crustáceos gigantes, gusanos de penacho de los manantiales hidrotermales y las babosas de aletas afiladas son otras de las criaturas recogidas en el libro, tomadas en profundidades de hasta 5.000 metros.

No es la falta de luz, la alta presión o la fría temperatura lo que limita la vida a esa profundidad, señala Nouvian, sino la escasez de alimento, ya que solo se dispone del que cae desde la superficie.

“Algunos peces forman un grupo ‘monstruoso’, como los diablos negros, el tiburón lagarto, o las anguilas degolladas”


En las profundidades también aparecen algunos fósiles vivientes, como el vampiro infernal, posible antepasado común de pulpos y calamares.

Precisamente los cefalópodos son el grupo más atractivo para la autora, "quizá por su inteligencia y sus grandes ojos", como los pulpos "dumbo" o el Stauroteuthis, que produce luz por las ventosas, hasta el desconocido calamar gigante.

Xavier Pastor, director ejecutivo de Oceana, ha recordado, durante el acto de presentación del libro en la sede de la organización en Madrid, que todas estas criaturas comienzan a estar amenazadas porque los barcos arrastreros ya llegan con sus artes hasta los 2.000 metros de profundidad.

"Las enormes puertas metálicas que arrastran los aparejos de estos buques pueden devastar los lechos marinos o destruir en segundos arrecifes de coral de 8.000 años", señaló.

Enric Sala, investigador del Centro de Estudios Avanzados de Blanes (CSIC), ha indicado que el 30 por ciento de las reservas pesqueras mundiales están ya colapsadas, y ha criticado que la mayoría de los científicos no están ayudando a divulgar los desastres que están sucediendo en el mar.

EFE
esl-td/jrr
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|N:C|
12/12/16-09/07

diumenge, 4 de novembre del 2007

pinpilinpauxa *

Mariposa muerta encontrada en Calaf (Anoia), noviembre 2007
* Mariposa en euskera

más en flickr


divendres, 26 d’octubre del 2007

queridos lectores:

En efecto, hace un tiempo que Escorpionadas apenas se actualiza. Sin comprometerme en fechas (tarea complicada, como nos demuestra el AVE), espero tener algo que contaros próximamente

Atentamente,

Joan Pau.

dissabte, 22 de setembre del 2007

Libélula mía


Este deseador, este que se estremece de pasión y de horizonte, que quiere sondearlo todo, saborearlo todo. Este ángel caliente, pájaro, duende, diablo infantil, niña efervescente: ved cómo me desvela, me muerde sin descanso, agita mi cuerpo perezoso, corretea por mi vientre como bicho alado sobre tronco hendido, trepa, corre, liba, revolotea y, de repente se marcha, huye, se va volando, pero ¿qué hará, adónde irá el ánima traviesa? ¿qué caminos va a incendiar? ¿qué será de ella, tan sola y malquerida, pobre aguijón mío, diablejo de los coloretes? Un día, un buen pastor, un caminante o un jabato la encontrará muerta de aburrimiento por lejanos pedregales. Y yo diré: "mi pequeñuela, mi huérfana libélula: si nunca jugué contigo fue por no lastimarte".

Joan Pau Inarejos, 17 septiembre 2007
foto: libélula encontrada en la playa de Gavà (Barcelona, septiembre 2007)


dissabte, 1 de setembre del 2007

norte y sur


Arriba: vista de Estocolmo (Suecia) / abajo: restaurante frente al Panteón de Roma (agosto 2007)

MÁS FOTOS DE ROMA Y ESTOCOLMO EN flickr

dissabte, 25 d’agost del 2007

El rayo que no cesa

Me tiraste un limón


Me tiraste un limón, y tan amargo,

con una mano cálida, y tan pura,

que no menoscabó su arquitectura

y probé su amargura sin embargo.


Con el golpe amarillo, de un letargo

dulce pasó a una ansiosa calentura

mi sangre, que sintió la mordedura

de una punta de seno duro y largo.


Pero al mirarte y ver la sonrisa

que te produjo el limonado hecho,

a mi voraz malicia tan ajena


se me durmió la sangre en la camisa

y se volvió el poroso y áureo pecho

una picuda y deslumbrante pena.


Por tu pie, la blancura

Por tu pie, la blancura más bailable,
donde cesa en diez partes tu hermosura,
una paloma sube a tu cintura,
baja a la tierra un nardo interminable.

Con tu pie vas poniendo lo admirable
del nácar en ridícula estrechura,
y donde va tu pie va la blancura,
perro sembrado de jazmín calzable.

A tu pie, tan espuma como playa,
arena y mar me arrimo y desarrimo
y al redil de su planta entrar procuro.

Entro y dejo que el alma se me vaya
por la voz amorosa del racimo:
pisa mi corazón que ya es maduro.


Por una senda van los hortelanos

Por una senda van los hortelanos,
que es la sagrada hora del regreso,
con la sangre injuriada por el peso
de inviernos, primaveras y veranos.

Vienen de los esfuerzos sobrehumanos
y van a la canción, y van al beso,
y van dejando por el aire impreso
un olor de herramientas y de manos.

Por otra senda yo, por otra senda
que no conduce al beso aunque es la hora,
sino que merodea sin destino.

Bajo su frente trágica y tremenda,
un toro solo en la ribera llora
olvidando que es toro y masculino.


Canción del esposo soldado

He poblado tu vientre de amor y sementera,
he prolongado el eco de sangre a que respondo
y espero sobre el surco como el arado espera:
he llegado hasta el fondo.

Morena de altas torres, alta luz y ojos altos,
esposa de mi piel, gran trago de mi vida,
tus pechos locos crecen hacia mí dando saltos
de cierva concebida.

Ya me parece que eres un cristal delicado,
temo que te me rompas al más leve tropiezo,
y a reforzar tus venas con mi piel de soldado
fuera como el cerezo.

Espejo de mi carne, sustento de mis alas,
te doy vida en la muerte que me dan y no tomo.
Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas,
ansiado por el plomo.

Sobre los ataúdes feroces en acecho,
sobre los mismos muertos sin remedio y sin fosa
te quiero, y te quisiera besar con todo el pecho
hasta en el polvo, esposa.

Cuando junto a los campos de combate te piensa
mi frente que no enfría ni aplaca tu figura,
te acercas hacia mí como una boca inmensa
de hambrienta dentadura.

Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera:
aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo,
y defiendo tu vientre de pobre que me espera,
y defiendo tu hijo.

Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado
envuelto en un clamor de victoria y guitarras,
y dejaré a tu puerta mi vida de soldado
sin colmillos ni garras.

Es preciso matar para seguir viviendo.
Un día iré a la sombra de tu pelo lejano,
y dormiré en la sábana de almidón y de estruendo
cosida por tu mano.

Tus piernas implacables al parto van derechas,
y tu implacable boca de labios indomables,
y ante mi soledad de explosiones y brechas
recorres un camino de besos implacables.

Para el hijo será la paz que estoy forjando.
Y al fin en un océano de irremediables huesos
tu corazón y el mío naufragarán, quedando
una mujer y un hombre gastados por los besos.


Miguel Hernández, 'El rayo que no cesa' (1936) / 'Viento del pueblo' (1937)