divendres, 26 de gener del 2007

El joven Satanás


El héroe romántico se considera forzado a cometer el mal, por nostalgia de un bien imposible (…). El príncipe del mal sólo ha escogido su vía porque el bien es una noción definida y utilizada por Dios para los designios injustos. La misma inocencia irrita al Rebelde en la medida en que supone una ceguera de iluso (…).

El crimen, en efecto, se volverá amable. Basta comparar al Lucifer de los imagineros medievales con el Satán romántico. Un adolescente “joven, triste y encantador” (Vigny) sustituye a la bestia cornuda. “Bello, con una belleza que ignora la tierra” (Lermontov), solitario y poderoso, doloroso y despectivo, oprime con negligencia.

ALBERT CAMUS, ‘EL HOMBRE REBELDE’ (1951) FOTO: 'MUCHACHO CON PIPA', DE PICASSO (1905)

La noche del Gólgota

ALBERT CAMUS, EL HOMBRE REBELDE (1951)

El Nuevo Testamento puede considerarse como una tentativa para responder, de antemano, a todos los caínes del mundo, suavizando la figura de Dios, y suscitando un intercesor entre él y el hombre. Cristo ha venido a resolver dos problemas principales, el mal y la muerte, que son precisamente los problemas de los hombres en rebeldía. Su solución ha consistido primero en asumirlos. El dios hombre sufre también, con paciencia. Ni el mal ni la muerte le son en absoluto imputables, ya que es desgarrado y muere.

La noche del Gólgota no tiene tanta importancia en la historia de los hombres sino porque en aquellas tinieblas la divinidad, abandonando ostensiblemente sus privilegios tradicionales, vivió hasta el final, incluída la desesperación, la angustia de la muerte. Así se explica el ‘Lama sabactani’ y la duda horrenda de Cristo agonizante. La agonía sería leve si estuviera sostenida por la esperanza eterna. Para que el dios sea un hombre, es preciso que se desespere (…).

"Paradójicamente, los blasfemos hacen revivir al dios celoso que el cristianismo quería expulsar del teatro de la historia".

En la medida en que la raza de Caín ha triunfado cada vez más, a lo largo de los siglos, cabe decir así que el dios del Antiguo Testamento ha conocido una fortuna inesperada. Paradójicamente, los blasfemos hacen revivir al dios celoso que el cristianismo quería expulsar del teatro de la historia. Una de sus audacias más profundas ha consistido precisamente en anexionar al propio Cristo a su campo, deteniendo su historia en la cima de la cruz y en el grito amargo que precedió su agonía.

Así se hallaba entonces la figura implacable de un dios de odio, más acorde con la creación tal como la concebían los hombres en rebeldía. Hasta llegar a Dostoievsky y Nietzsche, la rebeldía no se enfrenta más que contra una divinidad cruel y caprichosa, la que prefiere, sin motivo convincente, el sacrificio de Abel al de Caín y que, con ello, provoca el primer crimen. Dostoievsky, en imaginación, y Nietzsche, de hecho, ampliarán desmesuradamente el campo del pensamiento en rebeldía y pedirán cuentas al mismo dios del amor.

ALBERT CAMUS, EL HOMBRE REBELDE (1951)

Yo, S.A.

RENATA SALECL, CULTURA/S, LA VANGUARDIA, 24/01/07

El dueño de una compañía de internet que prosperó en el momento de la burbuja informática me contó en cierta ocasión sus angustias frente al despido de empleados jóvenes y entusiastas cuando los negocios empezaron a ir mal. Un momento especialmente doloroso se produjo cuando tuvo que desprenderse de un joven muy trabajador y que se había volcado mucho en la compañía. El empresario se reunió con él y le comunicó que debía prescindir de sus servicios; el joven quedó muy afectado.

Por un momento, pareció como si fuera a estallar en lágrimas, pero enseguida se recompuso, agarró una libreta y le pidió al empresario que le dijera qué era lo que había hecho mal en su trabajo, de qué manera no se había esforzado lo suficiente y, sobre todo, cómo podría mejorar en su siguiente empleo. Conmovido ante semejante reacción, el empresario insistió en que su comportamiento no había tenido defecto alguno, que el despido se debía sólo a que la compañía se encontraba en una espiral descendente y que intentaba por todos los medios salvarla. Sin embargo, el joven insistió en que quería algún tipo de comentario crítico para poder tenerlo en cuenta y ser aun mejor empleado la siguiente vez.

“El capitalismo posindustrial, con su énfasis en el riesgo, ha afectado de modo profundo el carácter de las personas”

Hace un tiempo, quien era despedido culpaba de su desgracia a las circunstancias externas; hoy, en cambio, la ideología capitalista dominante nos empuja a evaluarnos a nosotros mismos en primer lugar y a intentar discernir por qué no hemos conseguido conservar el trabajo. Evaluación es la palabra suprema en los tiempos que corren (…). En las compañías internacionales existentes por todo el planeta, los empleados no sólo son evaluados por sus jefes, también se les pide constantemente que se evalúen a sí mismos (…).

La ideología actual insiste en la idea de que los individuos disponen de posibilidades infinitas para convertirse en lo que deseen. Por ello, la subjetividad contemporánea es percibida como un flujo constante de autoinvención. El sujeto es un artista, un creador de su vida. Al tiempo que el individuo se encuentra bajo una presión constante para que se autoevalúe, también es alentado para que sea flexible, se arriesgue y se convierta en lo que de verdad desea ser.

Según el sociólogo estadounidense Richard Sennett, el capitalismo posindustrial, con su énfasis en el riesgo, ha afectado de modo profundo el carácter de las personas. Hoy las empresas no dejan de reestructurarse. La flexibilidad se ha convertido en el nuevo mantra no sólo de las compañías sino también de los individuos. El empleado despedido de un trabajo corporativo porque la compañía atraviesa un proceso de reestructuración se siente culpable por no haber sido flexible antes y no haber asumido riesgos en relación con su carrera (…).

Todo individuo debe actuar como si fuera su propia empresa. Por lo tanto, debemos considerar nuestra vida como Yo S. A.; se supone que debemos tener un plan de objetivos en la vida, pensar en inversiones a largo plazo, ser flexibles y reestructurar la empresa vital, así como correr los riesgos necesarios con el fin de incrementar los beneficios.

“También tiene uno que considerar la propia vida emocional como otra forma de inversión”

Se supone que una persona tiene que ser, ante todo, un inversor hábil. No se trata sólo de la necesidad de aprender la compleja lógica del mercado bursátil y convertirse en el propio asesor financiero, también tiene uno que considerar la propia vida emocional como otra forma de inversión. Se supone que debemos invertir tiempo y afecto en nuestros hijos para obtener un buen resultado en el producto que surgirá de su crianza.

Del mismo modo, se supone que tenemos que invertir en nuestras relaciones con cónyuges y amistades con objeto de poder sacar fondos de los bancos emocionales que crean semejantes relaciones (…). Incluso el amor y las emociones son percibidas como susceptibles de ser dominadas racionalmente (…).

“No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo”

Al tiempo que se nos alienta a trabajar sin tregua en nuestro cuerpo por medio del ejercicio extenuante, la dieta y la cirugía plástica, también se supone que debemos actuar sobre nuestra vida interior, sobre las emociones, los afectos y las relaciones. No recuerdo que la generación de mis padres hablara alguna vez de la necesidad de trabajar en uno mismo. Nuestros progenitores vivieron una vida que no tuvo mucho que ver con la idea de realización personal y mucho más con la de seguir cierta senda que seguía todo el mundo (…). La típica vida de clase media parecía consistir en trabajar, educar a los hijos, ahorrar para que pudieran ir a la universidad, cuidar de padres mayores y, de vez en cuando, divertirse con viajes y vacaciones (…).

“El sujeto acaba por percibirse como culpable si le ocurre algo malo”

No es de extrañar que el estrés sea el culpable último de las enfermedades contemporáneas. El sujeto acaba por percibirse como culpable si le ocurre algo malo. Como el empleado que se siente culpable por perder su trabajo (ya que no ha sido lo bastante flexible para empezar a buscar uno nuevo antes del fin del anterior), una persona enferma se siente culpable por no haber impedido la enfermedad trabajando más sobre su cuerpo.

Decimos incluso de alguien que es un buen gestor de la ansiedad. Y, si una enfermedad no mejora, tenemos que sentirnos culpables de nuevo por haber fallado en otra tarea, la autocuración. Desde luego, el yo queda agotado con todas estas obligaciones. Y no es casual que la ideología de la autocuración arraigue justo en una época en que las políticas sanitarias oficiales se abren cada vez más a la privatización del sistema público de salud.

“El capitalismo fomenta por un lado la libertad de elección y por otro la identificación con todo tipo de nuevos líderes”

La paradoja radica también en que la creencia en la idea de que uno tiene capacidad de elección total sobre la vida suele ir acompañada de la búsqueda de poderes externos que nos guíen en la vida (…). Incluso en las relaciones amorosas, las personas perciben hoy que tienen libertad total para elegir una compañía más perfecta, pero a la vez se fijan en el signo del zodíaco bajo el que ha nacido una posible pareja.

Esta búsqueda de un poder superior que es el que decide cuando al mismo tiempo nos enfrentamos a la libertad de elección no constituye ninguna sorpresa. Cuando sentimos ansiedad (no por lo que podríamos ganar, sino perder), a menudo buscamos a alguien que decida por nosotros. Una figura religiosa, un curandero o incluso alguien que lea horóscopos pueden ser percibidos como una autoridad capaz de aplacar nuestro desasosiego. El capitalismo fomenta por un lado la libertad de elección y por otro promueve la identificación con todo tipo de nuevos líderes (…).

En una época en que las personas pueden imaginar todo tipo de catástrofes sociales, económicas y personales, la ansiedad está al orden del día. La ideología que promueve la idea de que la vida debe abordarse como si fuera una empresa sobre cuyos aspectos decide uno corre pareja con la pérdida individual de la posibilidad de incidir en el desarrollo social y político de la sociedad en la que se vive. Cuando una ideología nueva aparece con fuerza (como es el caso de la relativa a la autocuración), aparece también la urgente necesidad de hacer una pausa y pensar por quién doblan las campanas.

RENATA SALECL, FILÓSOFA Y SOCIÓLOGA, ES PROFESORA DE LA LONDON SCHOOL OF ECONOMICS. ESTÁ VINCULADA AL INSTITUTO DE CRIMINOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD DE LIUBLIANA.

http://www.lacoctelera.com/reggio/post/2007/01/24/lo-nos-preocupa-carles-guerra-la-vanguardia

dimarts, 23 de gener del 2007

La Iglesia contra los actores


¿Cómo no iba la Iglesia a condenar semejante ejercicio en el actor? Repudiaba ella en este arte la multiplicación herética de las almas, la orgía de emociones, la escandalosa pretensión de una mente que se niega a vivir un solo destino y se precipita a todas las intemperancias. Proscribía en ellos esa afición al presente y ese triunfo de Proteo que son la negación de todo cuanto ella enseña.

La eternidad no es un juego. Una mente lo bastante insensata para preferir a ella una comedia ha perdido su salvación. Entre "en todas partes" y "siempre" no hay compromiso. De ahí que ese oficio tan menospreciado pueda dar lugar a un conflicto espiritual desmesurado. "Lo que importa -dice Nietzsche- no es la vida eterna, es la vivacidad eterna". Todo el drama está, en efecto, en esa elección.

ALBERT CAMUS, 'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

Amarga constatación:


"Todo está permitido",
exclama Iván Karamazov ['Los hermanos Karamazov', Fiodor Dostoievsky, 1880]. También eso huele a absurdo. Aunque a condición de no entenderlo de manera vulgar. No sé si se ha observado bien: no se trata de un grito de liberación o de gozo, sino de una amarga constatación. La certidumbre de un Dios que diera su sentido a la vida sobrepasa con mucho el atractivo al poder impune de hacer el mal. La elección no sería difícil. Pero no hay elección y entonces comienza la amargura.

Lo absurdo no libera, ata. No autoriza todas las elecciones. Todo está permitido no significa que nada esté prohibido. Lo absurdo devuelve solamente su equivalencia a las consecuencias de los actos. No recomienda el crimen, sería pueril, mas devuelve su inutilidad al remordimiento. Y asimismo, si todas las experiencias son indiferentes, la del deber es tan legítima como cualquier otra. Uno puede ser virtuoso por capricho.

ALBERT CAMUS,
'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

Husserl o el "politeísmo abstracto"

ALBERT CAMUS, 'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

El método husserliano [Edmund Husserl, 1859-1938] niega el procedimiento clásico de la razón (...). Pensar no es unificar, familiarizarnos con la apariencia bajo el rostro de un gran principio. Pensar es aprender de nuevo a ver, dirigir la propia conciencia, hacer de cada imagen un lugar privilegiado. Dicho de otro modo, la fenomenología se niega a explicar el mundo, quiere solamente ser una descripción de lo vivido. Coincide con el pensamiento absurdo en su afirmación inicial de que no hay verdad, sino solamente verdades.

Desde el viento vespertino hasta la mano que se apoya en mi hombro, cada cosa tiene su verdad. Es la conciencia la que la aclara por la atención que le presta. La conciencia no forma el objeto de su conocimiento, se limita a fijar, es el acto de atención y, por recoger una imagen bergsoniana, se parece al aparato de proyección que congela de repente una imagen. La diferencia es que no hay guión, sino una ilustración sucesiva e inconsecuente. En esta linterna mágica todas las imágenes son privilegiadas.

Sería inútil extrañarse de la aparente paradoja que conduce al pensamiento a su propia negación por los caminos opuestos de la razón humillada y la razón triunfante. No hay una distancia tan grande entre el dios abstracto de Husserl y el dios fulgurante de Kierkegaard. La razón y lo irracional llevan a la misma predicación. Y es que, en verdad, el camino importa poco, la voluntad de llegar basta para todo (...).

Husserl habla también de "esencias extratemporales" que la intención saca a la luz, y creemos oír a Platón. No se explican todas las cosas por una sola, sino por todas (...). Ya no hay una sola idea que lo explica todo, sino una infinidad de esencias que dan sentido a una infinidad de objetos. El mundo se inmoviliza, pero se aclara. El realismo platónico se hace intuitivo pero sigue siendo realismo. Kierkegaard se abismaba en su Dios, Parménides precipitaba el pensamiento en lo Uno. Pero aquí el pensamiento se arroja a un politeísmo abstracto. Más aún: las alucinaciones y las ficciones también forman parte de las "esencias extratemporales". En el nuevo mundo de las ideas la categoría de centauro colabora con la más modesta de metropolitano (...).

Para el hombre absurdo había una verdad, al mismo tiempo que una amargura, en esta opinión puramente psicológica de que todos los rostros del mundo son privilegiados. Que todo sea privilegiado equivale a decir que todo es equivalente (...). En este mundo ideal sin jerarquías, el ejército se compone sólo de generales. La trascendencia había sido eliminada, sin duda, pero un brusco giro del pensamiento vuelve a introducir en el mundo una espece de inmanencia fragmentaria que restituye al universo su profundidad.

El filósofo abstracto y el filósofo religioso parten del mismo desconcierto y se apoyan en la misma angustia. Pero lo esencial es explicarse. En eso la nostalgia es más fuerte que la ciencia. Es significativo que el pensamiento de nuestra época sea a la vez uno de los más impregnados de una filosofía de la no significación del mundo y uno de los más desgarrados en sus conclusiones. No cesa de oscilar entre la extremada racionalización de lo real que induce a fragmentarlo en razones-tipos y su extremada irracionalización, que induce a divinizarlo.

ALBERT CAMUS,
'EL MITO DE SÍSIFO', 1942

divendres, 19 de gener del 2007

Cómo nacen las ideas del judaísmo


LA SINAGOGA, en el exilio babilónico

La religión yahvista era una religión nacional y estaba basada en el culto rendido a Yahvé en el templo de Jerusalén. Abolida su monarquía, destruido su templo y desterrados de Jerusalén [siglo VI aC], los exiliados que continuaron fieles al yahvismo se vieron obligados a repensar su religión y a cambiar sus prácticas. Ya no había templo ni altar de sacrificios. Sólo quedaban las tradiciones orales y los escritos sagrados traídos por los sacerdotes, todavía en proceso de reescritura y que acabarían constituyendo la Torá.

En cada localidad de Mesopotamia donde había exiliados yahvistas -donde había judíos-, éstos se reunirían frecuentemente para leer o escuchar la lectura de la Torá, para comentarla, para cantar himnos a Yahvé y para animarse unos a otros, manteniendo vivo el recuerdo de su alianza con Yahvé. Ya que no podían ofrecer sacrificios a su dios, le ofrecían al menos sus palabras, sus plegarias, su música y sus canciones.

Reunión o congregación se dice en griego 'synagogé'. de ahí viene el nombre de "sinagoga" con que se conoce tanto la reunión de la comunidad judía local como el edificio en que tal reunión tiene lugar. En la antigüedad el templo -incluído el de Jerusalén- era la casa de un dios, en que se le cuidaba, se le rendía culto y, en especial, se le daba de comer, mediante la ofrenda de sacrificios comestibles. En el interior del templo sólo penetraban los sacerdotes, que tenían acceso directo a dios. El pueblo permanecía fuera. La sinagoga, por el contrario, era un lugar de reunión para los fieles, para la comunidad creyente, y en ella no habitaba el dios ni se ofrecían sacrificios. La sinagoga -surgida en el exilio de Babilonia como respuesta de los judíos a la pérdida del templo- es también el precedente de las posteriores iglesias cristianas y mezquitas islámicas.



SATÁN, bajo el dominio persa

Durante los dos siglos de teocracia yahvista bajo tutela política persa [siglos VI aC-IV aC], la influencia cultural de la religión de los persas se hizo sentir sobre el judaísmo, como era de esperar. En los textos de esa época aparecen por primera vez temas típicos de la religión mazdeísta, pero completamente ajenos al yahvismo preexílico, tales como la figura de Satán, las jerarquías de ángeles y demonios, el juicio final y la inmortalidad del alma.

En el Iyyob (Job) y en el Dibré ha-yamin (Crónicas) aparece Satán como el adversario de Dios y factor del mal, en claro reflejo de la concepción dualista persa. A la idea de un Satán opuesto a Dios se une la de un juicio final y una vida después de la muerte, con premios para los humanes que en esta vida hubieran estado con Dios y castigos para los que hubieran estado con Satán. Estas ideas persas, a través del judaísmo, acabarían pasando al cristianismo y al islam.

JESÚS MOSTERÍN: 'LOS JUDÍOS. HISTORIA DEL PENSAMIENTO', 2006 / fotos: GRAN SINAGOGA DE FLORENCIA Y 'SATÁN CONTAGIANDO LAS ÚLCERAS MALIGNAS A JOB', DE WILLIAM BLAKE, 1826