dimecres, 17 de gener del 2007
Y ZP pidió perdón

JERJES Y MARIANO EN SALAMINA
ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007
Mariano Rajoy es mejor orador parlamentario que José Luis Rodríguez Zapatero. Ayer volvió a quedar de manifiesto, con unas salvedades que expondremos más adelante. Acudió Rajoy al Congreso con uno de sus discursos de nogal con pasamanos de níquel, que suelen ser antiguos y modernos a la vez. Concebidos para dar satisfacción a las exigencias de la comunicación americanizante -frases cortas e hirientes que se hunden con facilidad en la mantequilla zapaterista-, y bruñidos con Netol a la manera de antes.
Son los de Rajoy discursos con viñetas, como aquellas novelas juveniles de la editorial Bruguera con las que algunos aprendimos a amar la literatura. Da caña en el telediario de las nueve, paga el diezmo al radiofonista Losantos, se ajusta, más o menos, a las tácticas zorrunas del periodista Ramírez, y a la vez deleita a los viciosos del verbo y la floritura: ayer sacó a pasear a la carabina de Ambrosio, vieja metáfora castellana de lo herrumbrosoe inútil; a Confucio, sabio entre los sabios, y a Jerjes, el persa, que fue engañado como un chino, por los griegos, en la batalla naval de Salamina. ¡Salamina! Ahí Rajoy estuvo grande, pero mucho nos tememos que las batallas políticas actualmente no se ganan con puño de hierro y alardes de salón literario. Esa aleación es vieja. Hoy las batallas se libran en los pantanales de lo mediático, un medio pastoso en el que hay que saber combinar razón y emoción.
El presidente del Gobierno no es un intelectual. Ni pretende aparentarlo. Su registro es el de un licenciado medio, especialista en lo suyo: la política parlamentaria. Esencialmente, José Luis Rodríguez Zapatero es un capitán de lansquenetes de la brega política, con unas ideas de fondo, con un liderazgo fraguado por dos victorias en el último minuto (en el congreso de su partido y en las elecciones del 2004), y con un dominio innato de la astucia emocional. Asesorado por gente que han pasado más horas en la FNAC que en el Ateneo, la disposición de las naves en la batalla de Salamina le importa más bien una higa. Zapatero es un populista democrático, como la señora Royal en Francia, que por algo se hace llamar la Zapatera.(Un populista en minúsculas, a la europea, no un Hugo Chávez; no vayamos a trabajar gratis para la cofradía de los Peones Negros).
De manera que mientras Rajoy le llamaba tonto, invocando al gran Jerjes, que fue incauto en la hora decisiva; Zapatero se dirigía a los televidentes pidiendo excusas por el error del día 29 de diciembre, cuando anunció que lo de ETA podía ir la mar de bien. En un momento en el que todo el país habla mal de la política, con una acidez y una amargura profundas, reconocer el error: un error de bulto, un error por el que nadie ha presentado la dimisión en los escalones intermedios, es un movimiento emocionalmente certero; por la sencilla razón de que la gente no está acostumbrada a ello.
La batalla de Salamina la ganaron los griegos enviando al campamento de Jerjes a un esclavo que se hizo pasar por traidor. La imagen es bella y de sólo oírla la tercera página deABCya se pone tersa. Pero en la era mediática triunfan las transparencias, sinceras o no. Oír a un presidente del Gobierno pidiendo excusas es una novedad en España. Otra cosa es el recorrido político de esa novedad. Quizá sea corto. E incluso podría ser contraproducente si dentro de unos meses las cosas aún se ponen más feas, porque España es puñetera. A las nuevas generaciones, es cierto, les gusta que la autoridad sea moderna, autocrítica y bondadosa, como el padre de la serie Los Serrano. Pero, cuando van mal dadas, a los españoles les gusta ser mandados. En España hay que saber repartir hostias, escrito sea sin ánimo de ofender a nadie.
Sostiene Gregorio Morán que menos metáforas y más realismo. Que la política es un ejercicio frío, basado en un estricto cálculo de fuerzas y de posibilidades. Bajo esta perspectiva, cuya verdad de fondo no vamos a negar, el discurso pronunciado ayer por Mariano Rajoy es el de alguien que está convencido de que el Gobierno va directo al precipicio y que ETA, como defiende el señor Xavier Bru de Sala, ya da por amortizado al PSOE. De manera que los que hoy no comprendan la dureza del PP, ya la entenderán cuando se celebren nuevos funerales. Con su ángulo cerrado, Rajoy da a entender que su partido quizá sabe más de lo que parece sobre lo que se está urdiendo al otro lado de la muga. Goteras en el CNI, apuntó Erkoreka, portavoz del PNV, partido históricamente atento a los servicios de inteligencia.
He ahí una pista para otra enrevesada teoría de la conspiración. Quizás esté llegando la hora de los Peones Blancos. La hora del delirio definitivo: España, octava potencia industrial del planeta, secuestrada políticamente por el bicho terrorista: Alien destrozando circuitos en la sala de reactores.
Alien dueño del cuarto de máquinas y Zapatero, medio noqueado a finales de diciembre, recuperando el aliento después de la manifestación del sábado en Madrid. Ágil y calculadamente agresivo - se guardó algunas réplicas al constatar la dureza de Rajoy-, con toda probabilidad ganó ayer unos enteros, aunque no logró una mejora sustantiva en el crédito social de la política.
El gran riesgo del PP, como siempre, es el de ir más allá del discurso de la firmeza, con el que la derecha, de una manera u otra, siempre acaba teniendo razón. Si aparece como un partido deseoso de que las cosas vayan muy a peor, naufragará de nuevo.
Populista ateniense, el presidente volvió a poner su estrategia en manos de la opinión pública. Rajoy, personalmente convencido de que su contrincante es un perfecto insensato, apuesta por la hecatombe gubernamental. Y entre las naves persas y la isla de los griegos, emergió el señor Duran Lleida, invocado como mediador. CiU, la desdichada, es ahora en Madrid la gran Artemisa. Artemisa de Caria, la más prudente consejera de Jerjes en la batalla de Salamina.
ENRIC JULIANA, LA VANGUARDIA, 16/1/2007
MIENTRAS UN PÚGIL SE TAMBALEA, SU CONTRARIO CEDE AL RESENTIMIENTO
El presidente sigue noqueado. La metáfora más manida en estos días continúa vigente. En un Parlamento que emula un ring, con diputados gritando como forofos y esperando con avidez que el puño por el que apuestan destroce la mandíbula del orador odiado, Zapatero se tambalea. No está en condiciones de responder con soltura y convicción a los ganchos tremendistas de Mariano Rajoy. Sabíamos que la explosión de la T4 había segado las vidas de dos desdichados emigrantes y que había hundido el puente de la esperanza. Ahora constatamos, alarmados, que el piloto ha perdido el rumbo, pues vacila y balbucea ante los envites del oleaje retórico de Rajoy.
Zapatero pidió comparecer ante el Parlamento para ofrecer explicaciones y dar seguridad a la ciudadanía. No lo ha conseguido. Ha exhibido de nuevo el desconcierto. Incapaz de fijar con soltura el rumbo, no ha tenido más remedio que abusar de la lealtad institucional de CiU (de un Duran Lleida brillante a fuer de austero) y de la protección de los parientes de izquierda (en particular de un Gaspar Llamazares, habitualmente gris, pero eficacísimo, ayer, en su labor crítica de un Rajoy que tiende a confundir la oposición con la sagrada Inquisición). Zapatero balbucea estupefacto y dolorido. Si los explosivos etarras destrozaron su proverbial seguridad, los autos de fe de Rajoy le dejaron en estado de desolación.
El balbuceo de Zapatero es comprensible humanamente. Pero revela una gran flaqueza precisamente en el momento en el que el PP y su entorno mediático intentan demostrar que es incapaz de soportar el peso de la púrpura. No consigue transmitir nada creíble, Zapatero, a una ciudadanía desconcertada por el regreso de ETA, decepcionada por la ruina de la esperanza, apesadumbrada por la tremenda división de los partidos.
Pero tampoco lo consigue Rajoy, de nuevo luciferino y altisonante, muy lejos de aquella personalidad centrista y centradora, siempre anunciada pero nunca realmente florecida. Tampoco Rajoy parece capaz de resistir la presión de su entorno, en el que predomina el resentimiento (pulsión tremendamente peligrosa, pero con una enorme capacidad de enganche). Si Rajoy fuera un delantero o un púgil, los cronistas deportivos hablarían de su "instinto asesino".
Un instinto depredador y egoísta que satisface muchísimo a los que sienten los colores, pero que asusta a los que - no estando ni a favor ni en contra de nadie, por principio- aborrecen la agresividad, la impiedad y el estruendo innecesario. Bien es verdad que los ciudadanos sin prejuicios son cada vez menos y que el forofismo que divide el Parlamento y encona las ondas hertzianas amenaza con infectarlo todo. Mientras tanto, ETA se frota las manos. Escribe Andoni Unzalu en El Correo: "¿Cómo va a cerrar la tienda si nunca ha tenido victorias tan grandes?".
ANTONI PUIGVERD, 17/1/2007 / FOTO: ZAPATERO Y RAJOY EN EL DEBATE SOBRE ETA DEL 16 DE ENERO DE 2007.
divendres, 12 de gener del 2007
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dijous, 14 de desembre del 2006
Com Google ens ha canviat la vida

Però les identitats ja no són el que eren, si se’ns permet d’expressar-ho ingènuament. Ara són “punts” en un pla homogeni: els nusos de la xarxa o, més ben dit, de ‘les’ xarxes (les virtuals d’internet, naturalment, però també les culturals, les comercials, etc.). Sense nusos identificables, ens quedem fora, en la mesura que l’intercanvi efectiu (d’informació o de mercaderies convencionals, tant hi fa) no és possible en una realitat monòtona, és a dir, sense distintius, sense senyals orientadors. La condició de possibilitat del Google, per exemple, són les identitats ‘detectables’. El resultat d’una cerca amb el Google no respon a un ordre alfabètic o numèric, sinó a cercles concèntrics articulats entorn d’un punt, d’un nus localitzable en el laberint de la xarxa.
Tot això pot semblar molt abstracte, o fins i tot purament metafòric, però en realitat és força més tangible i terrenal. El món del passat –el de l’enciclopèdia de paper- funcionava linealment. Després de la lletra A venia la B, i després la C. Antonin Artaud estava al primer volum, i Bertolt Brecht al segon. Ara les coses funcionen d’una altra manera. Artaud o Brecht no “estan” enlloc però, alhora, estan a tot arreu, disponibles en milers i milers de planes web increïblement heterogènies. Trobar-los depèn de la nostra capacitat d’’identificar’ –no d’’ubicar’- allò que estem buscant exactament. Ja no hi ha llocs, sinó referents identitaris que ens fan possible l’accés a certs llocs. Es tracta d’un fenomen que Manuel Castells va explorar en el segon volum de la seva trilogia sobre la societat de la informació.
Aquesta centralitat de la identitat té unes conseqüències incalculables tant des d’una perspectiva cultural com política. Al segle XXI estem parlant i debatent sobre Occident amb relació a l’Islam (identitats culturals), sobre els drets de la comunitat gai (identitats de gènere), sobre la possibilitat d’aplicar polítiques multiculturals (identitats ciutadanes), sobre si Catalunya és o no una nació, o sobre si el Quebec té o no dret a la independència (identitats nacionals), sobre si una determinada fe ha de tenir una projecció pública o només privada (identitat religiosa). Parlem i debatem sobre globalització, sobre immigració, sobre integració, sobre aculturació, sobre memòria històrica.
Ens interessa discernir, per exemple, si la cultura anglosaxona s’acabarà imposant com a model universal; o si la cosmovisió confuciana dels xinesos acabarà influint en la seva futura hegemonia: o si l’Islam i la democràcia són compatibles; o si Internet està configurant cibercultures i per mitjà de quins referents ho fa. La llista, evidentment, podria ser molt més llarga (…).
Tot i que ara ens pot semblar una simple anècdota, la mentalitat que va inaugurar el segle XX va néixer condicionada per l’enfonsament del Titanic l’any 1912. L’assaig més important de la primera meitat del segle XX, ‘La decadència d’Occident’, d’Oswald Spengler, està marcat per aquell naufragi que aleshores va ser llegit com el principi de la fi del positivisme, i, al capdavall, de la civilització tecnològica hereva del pensament il·lustrat. Lector apassionat d’Spengler, Peter Sloterdijk ha estat un dels autors contemporanis que millor ha recreat l’albada d’aquella mentalitat i les seves conseqüències.
Quin és, a escala mundial, el nostre Titanic? Quin és el “trauma fundacional” del segle XXI?
Òbviament, sense cap mena de dubte, l’atemptat contra les Torres Bessones de Nova York l’11 de setembre de 2001. Fixem-nos en l’especialíssima naturalesa d’ambdós esdeveniments i en les seves conseqüències en el debat d’idees: en el primer cas va revisar la trajectòria –el destí!- d’Occident; en el segon, la seva identitat (en aquest cas contraposada a la de l’Islam).
Hi ha, si més no, tres elements que impregnen la nostra nova manera de pensar el món, aquí i a qualsevol altre lloc del planeta: el fracàs de l’universalisme com a projecte polític, l’emergència de grans identitats desterritorialitzades de caràcter religiós o cultural i, en tercer lloc, el declivi de l’estat-nació westfalià en el nou context de reticularitat genèrica.
L’11-S va reforçar extraordinàriament la visió crepuscular de l’estat-nació: els Estats Units, la nació més poderosa de la terra, va ser posada contra les cordes per una antiga ONG, Al Qaida, no pas per un exèrcit nacional amb uniforme, himne i bandera. Però això no és tot. A més de la seguretat, l’estat-nació ja no pot garantir a llarg termini el proveïment de béns i serveis tan importants com les pensions de jubilació o la universalitat de l’assistència mèdica totalment gratuïta.
dissabte, 2 de desembre del 2006
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René Girard: "El héroe sonámbulo respira la 'mala fe'. Intenta resolver el conflicto entre orgullo y deseo sin formularlo nunca claramente", "Nietzsche no puede comprender que, lejos de proceder de un prejuicio de los débiles frente a los fuertes, la toma de posición evangélica constituye la resistencia heroica al contagio de la violencia"
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Denis de Rougemont: "La condena de la carne, en que algunos quieren ver hoy día una característica cristiana, es de hecho de origen maniqueo y herético"