dilluns, 4 de setembre del 2006

¡Pobre verdad!

JOSÉ ANTONIO MARINA


Últimamente la noción de verdad está en entredicho. La realidad se aleja cada vez más, se desvanece, y es sustituída por narraciones y lenguajes. El descomunal prestigio dado al lenguaje produce de rebufo el descrédito de la realidad y la devaluación de la noción de verdad. El ataque se ha realizado desde muchos ángulos. "La realidad no existe, lo único que hay es el lenguaje y de lo que hablamos es del lenguaje, hablamos en el interior de él", escribe Foucault. Luhman define la sociedad no como una agrupación de seres humanos sino como un sistema autopoiético de comunicaciones.

No podía faltar en este cónclave J. F. Lyotard, para quien vivimos presos en la heterogeneidad de juegos del lenguaje, sin posibilidad de encontrar denominadores comunes universalmente válidos para todos los juegos. Lo que llamamos objetividad no es más que una costumbre lo suficientemente estable. En fin, que la verdad se ha convertido en la vez del error. En el error convertido en costumbre.

Los antropólogos han aportado su granito de arena al descrédito de la realidad. Las diferencias culturales son tan sorprendentes, estimulantes, divertidas, que admitir algún otro tipo de uniformidad, universalidad o comunidad les parece cicatero y vulgar, una patológica ceguera hacia la diferencia. A veces se pasan de la raya en su entusiasmo y acaban admitiendo la imposibilidad de que unas culturas entiendan a las otras. Eso les sucede con frecuencia a los psicólogos culturales. Esta nueva modalidad psi pretende luchar contra lo que considera un platonismo inaceptable de la psicología occidental, pretendidamente científica -o sea, imperialista- que afirma que los mecanismos de la mente humana son comunes a todos los hombres.

La idea es muy vieja. Ya en el siglo XVIII Johann Gottfried Herder mantuvo que el pensamiento es idéntico al lenguaje y que, por lo tanto, varía de un lenguaje a otro y de una nación a otra. Es una pretensiçon inútil, nos dicen, pretender salir de nuestra cultura. Incluso lo que llamamos ciencia no es más que la ideología de la cultura que ha salido triunfante. La verdad científica no tiene que ver con el conocimiento sino con el poder. Foucault dixit.

¿Pero no podemos traducir un lenguaje a otro? Pues no, porque para traducir tendríamos primero que poder definir las palabras, y esa confianza también se ha perdido. El nuevo eslogan "contra las definiciones" se proclama incluso en algunas publicaciones académicas. Como escrie mi admirada Anna Wierzbicka, "ha emergido un nuevo clima de opinión en el que cualquiera que intenta definir algo corre el riesgo de ser considerado anacrónico, desconectado de la actualidad intelectual. Para estar 'in', un semántico debe hablar de parecidos de familia, prototipos y pensamientos borrosos".
(...)
Los críticos de la noción de verdad crean primero un monigote y luego se dedican a zurrarle. La verdad no es esa luz absoluta, completa, catedralicia, perfecta, plena, eterna, que atacan. La verdad es una humilde lucha por tener opiniones cada vez mejor fundamentadas, corroboradas minuciosamente. No es nada grandioso. El interés del ser humano por la verdad no estuvo dirigido por un enloquecido, soberbio y glorioso afán de conocimiento, sino por algo más utilitario: era importante saber qué setas eran comestibles y qué setas eran venenosas, por ejemplo.
(...)
Creo que estas posturas son más erróneas que verdaderas. Y creo, además, que derivan de una mala comprensión de las relaciones entre el lenguaje y la experiencia. Lo que voy a defender es que el lenguaje nos permite ir más allá del lenguaje: a la experiencia. En segundo lugar, que nos permite ir más allá de nuestra cultura. En tercer lugar, que nos permite ir más allá de nuestro mundo privado.

JOSÉ ANTONIO MARINA, LA SELVA DEL LENGUAJE, 2002


dissabte, 19 d’agost del 2006

Estius







1) Santa María del Naranco (Oviedo, estiu 2001); 2) Platja entre Cadaqués i el Cap de Creus (abril 2004); 3) Parc del Retiro de Madrid (estiu 2004); 4) El Tajo al seu pas per Aranjuez (estiu 2004); 5) Catedral de Màlaga (estiu 2006); 6) Platja de Nerja (Màlaga, 2006); by Joan Pau Inarejos i Lluís Inarejos

dijous, 17 d’agost del 2006

Mosaics







De dalt a baix: Alcázar de Sevilla, Parc Güell, A. de Sevilla, P. Güell, Alhambra de Granada, P. Güell

Thamar y Amnón

(...) Thamar estaba cantando
desnuda por la terraza.
Alrededor de sus pies,
cinco palomas heladas.



Amnón delgado y concreto,
en la torre la miraba,
llenas las ingles de espuma
y oscilaciones la barba.



Su desnudo iluminado
se tendía en la terraza
con un rumor entre dientes
de flecha recién clavada.
(...)
Amnón a las tres y media
se tendió sobre la cama.
Toda la alcoba sufría
con sus ojos llenos de alas.
(...)
Thamar entró silenciosa
en la alcoba silenciada,
color de vena y Danubio,
turbia de huellas lejanas.
(...)
Thamar, en tus pechos altos
hay dos peces que me llaman
y en las yemas de tus dedos
rumor de rosa encerrada.



Los cien caballos del rey
en el patio relinchaban.
Sol en cubos resistía
la delgadez de la parra.
(...)
¡Oh, qué gritos se sentían
por encima de las casas!
Qué espesuras de puñales
y túnicas desgarradas.
(...)
Alrededor de Thamar
gritan vírgenes gitanas
y otras recogen las gotas
de su flor martirizada.



Paños blancos enrojecen
en Ias alcobas cerradas.
Rumores de tibia aurora
pámpanos y peces cambian.



Violador enfurecido,
Amnón huye con su jaca.
Negros le dirigen flechas
en los muros y atalayas.

Y cuando los cuatro cascos
eran cuatro resonancias,
David con unas tijeras
cortó las cuerdas del arpa.















Federico García Lorca, Romancero gitano.
fotos: 1) Procesión en El Esparragal (Murcia); 2) Alcázar de Sevilla; 3 y 4) Jardines de los Alcázares de Córdoba; 5) Jardines de la Alhambra de Granada; 6) El Guadalquivir a su paso por Sevilla. Agosto 2006

diumenge, 9 de juliol del 2006

El pastor alemán en Valencia

Rosario
en la Malvarrosa


ENRIC JULIANA, La Vanguardia, 8 julio 2006 7 de julio por la noche. Más de 200.000 personas se congregan en la playa de la Malvarrosa de Valencia para participar en el Rosario de las Familias en la vigilia de la visita del Papa.

Vicente Blasco Ibáñez ya no está para contarlo a sus amigos de Hollywood, pero anoche se rezó un rosario en la Playa de la Malvarrosa. La noche era opaca en Valencia: una quietud húmeda y dolorida, una espera; una premonición de tormenta. Los ora pro nobis navegaban por la orilla como sedantes barquitos de papel en busca de Joaquín Sorolla y sus luces. Virgo clemens!, rezaban los Xiquets de l’Altar de Sant Vicent, y la alabanza sonaba desafío en la playa carnal y arrocera; a manifiesto contracultural de la nueva acción católica. Los cirios, a miles, crepitaban.

Blasco Ibáñez, anticlerical impenitente, quizá habría soltado una sonora carcajada en su villa de la Malvarrosa, o se habría liado a tortas con los curas, como había hecho alguna vez de joven en las inmediaciones de la catedral de Valencia. Porque el rosario de la aurora fue suyo. Cuando alguien asegura que algo –el primer tripartito catalán, por ejemplo- “acabó peor que el rosario de la aurora”, se está refiriendo al autor de Cañas y barro y de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, novela que en los años veinte tuvo en Estados Unidos más lectores que la Biblia. Armados con palos aserrados en las pértigas que se usan para navegar por la Albufera, el joven Blasco y sus amigos arremetían de madrugada contra la procesión de la Aurora, en nombre de Voltaire y la causa republicana. Había tumultos y alguna vez fueron presos.

Valencia es así. Es de una dialéctica radical y extreman que se hace difícil de juzgar, porque engaña. El Mercantil Valenciano (hoy diario Levante) que antaño combatía con ardor blasquista el frufrú de las sotanas, ayer regalaba a sus lectores un espléndido suplemento sobre la visita papal. En la primera página de la prensa local hay destellos de la enseña vaticana –blanca y amarilla- mientras en la sección de ofertas los numerosos anuncios de servicios sexuales desbordan todos los perímetros de la prensa española. Hay en esas páginas una reverberación hortofrutícola. Una exageración del deseo y el pecado. Valencia es así.

Valencia, como la parte sur de Italia, de la bahía de Nápoles para abajo, es templo de un catolicismo antiguo y genuino: rural, astuto, capaz de adaptarse a todo, generoso con el pecado y el exceso de lunes a sábado, pero con el confesionario bien abierto los domingos. Un catolicismo libre de cualquier brida luterana, que podría haber quedado reducido a mero folklore. Vivaz y útil, da forma a diversos tipos de vida, y así se adapta a estos nuevos tiempos líquidos. Tiempos que en Valencia transportan muchas ambiciones y generosas recalificaciones. “¡Viva el plan de acción integrada!”, cuentan que se grita en algunas bodas de Levante llegada la hora de los brindis. Y es que en las bodas valencianas de Cannán los campos de sandías y melones se transmutan en metros cuadrados edificables en primera y segunda línea de mar. “¡Viva el plan de acción integrada!”, exclaman los padrinos y no es difícil imaginar al párroco sentado en un ala de la mesa, sonriente ante la paella y el ubérrimo rendimiento de la huerta. Adiós, Voltaire; adiós, Blasco; adiós, Joan Fuster. Valencia es así.
"Ratzinger habla con la claridad
de un laico occidental"


ANDREA RICCARDI, fundador de la Comunidad de San Egidio, entrevistado por Arrigo Levi en La Vanguardia, 8 julio 2006

Entre el Papa Wojtyla y el Papa Ratzinger, ¿cambia algo en las relaciones con las otras confesiones cristianas?

No veo diferencia entre los dos papas, salvo quizá en la relación con la Iglesia ortodoxa. Para los ortodoxos rusos Wojtyla era, por encima de todo, polaco y por ello lo veían como un antagonista. Ratzinger es europeo occidental. En relación con el mundo protestante no veo diferencias. Wojtyla decía: “Con los ortodoxos estamos muy cercanos teológicamente, pero no psicológicamente; con los protestantes ocurre lo contrario”.

¿Y la relación con el judaísmo?

Tampoco en este aspecto existen grandes diferencias entre los dos. Si bien en la visión wojtyliana de los “hermanos mayores” judíos había algo del gran romanticismo polaco, algo de la memoria de la tragedia de los amigos judíos.

Pero también Ratzinger envió su saludo a los “hermanos del pueblo judío, con los que nos une un gran patrimonio espiritual común” y también las “irrevocables promesas de Dios”.

La continuidad es muy clara. Ratzinger posee una rica cultura bíblica, un gusto especial por la palabra de Dios, es un hombre que lleva la Biblia dentro, lleva la Biblia en la cabeza y el corazón. Se nota. Wojtyla era un hombre intuitivo, autodidacta, filósofo y viajero, lleno de curiosidad. Era un hombre del Evangelio. Juntos, los dos últimos papas constituyen la demostración de que el intento, que va desde Maurras hasta el nazismo, de arrancar al cristianismo de sus raíces judías, es una operación maldita que acabó en fracaso. Los dos últimos papas confirman una relación fundamental para el cristianismo. Es lo que decía Pío XI: “Nosotros somos espiritualmente semitas”.

¿Pesa más la opinión del cardenal Ratzinger o la del Papa Benedicto?

Yo no opondría al cardenal Ratzinger y al Papa Benedicto, ni al revés. Tampoco opondría al Papa Wojtyla con su sucesor. El problema es que Ratzinger habla con la claridad de un laico occidental cuando dice que nota la debilidad de un pensamiento moderno relativista, y puede parecerle más desagradable que un Wojtyla, que pensaba lo mismo pero lo decía de una manera distinta y quizá menos orgánica. Recuerde, por lo demás, que en los primeros años de su papado Wojtyla fue un personaje más bien impopular, eran muchos quienes mostraban su nostalgia por las “dudas” de Pablo VI contra las certezas graníticas del Papa polaco. Cuando se hablaba del “Papa polaco” no se indicaba la nacionalidad: se lo señalaba con el dedo como a un Papa medieval. Hemos olvidado esa parte de la historia. ¿Y luego qué ocurrió? El Papa conmovió al mundo, incluso a quienes no compartían su parecer. Más tarde, en 1989, con la caída del Muro de Berlín y el comunismo, Wojtyla ganó. En la historia de la Europa del siglo XX son muy pocos los líderes que han ganado.


El papel del pecado
en la época sin Dios


VICENTE VERDÚ, El País, 6 julio 2006
Los culpables del accidente de Valencia, los culpables del despilfarro del agua, los responsables de la destrucción del planeta, los criminales del tráfico, los infames que incendian los bosques y agrandan el agujero de ozono.
Continuamente, el suceso, por casual que parezca, debe abrir paso a una investigación en busca y captura del culpable. El accidente como accidente es ya inadmisible o inasumible. El azar por el azar no interesa al sueño racional que requiere explicar las tragedias en términos de error humano y no de fatum, a través de circunstancias combatibles y no por destinos ineluctables. De esta regla se deriva la imputación constante a uno u otro técnico, profesional médico, bebedor de cervezas, campista en el bosque, ama de casa que no separa los residuos, conductor con 200 o más caballos. La culpa opera como una emoción certera para perjudicar la felicidad y de cuyo fruto se desprende una lasitud que el poder consume como extraordinaria golosina.
EL TREMENDO ACCIDENTE de Valencia proviene de otro accidente o grupo de accidentes que podrían haber sido evitados en origen. Pero, ¿qué caracteriza al accidente sino su brusca originalidad? Podemos interpretar correctamente todo proceso tras conocer su desenlace pero el desenlace es precisamente la pieza que falta. Para llenar este vacío, tan insoportable como inútil, la sociedad productiva (y del conocimiento) recurre a los implantes de culpa.
La culpa es altamente eficaz. En la búsqueda y conocimiento de los culpables la investigación oficial cobra pleno sentido. De un lado cumple con el deber protocolario del Estado policial pero, de otro extiende sobre la población la idea maldita de que cualquier mal procede de un malvado. No habrá un Absurdo, un punto ciego sin capacidad de investigación sino que en cualquier tesitura será posible localizar al abyecto; la irresponsabilidad, la negligencia, el delito.
Así actúa la actual Dirección General de Tráfico cuando afirma: "No podemos conducir por ti". La DGT lo avisa: la culpa del siniestro será siempre tuya. No cuenta el estado de las carreteras cuyas deficiencias correlacionan directamente con los siniestros. El culpable está en ti.
Y ya no importa de qué sevicia se trate. El consumo urbano de agua en España representa apenas un 8% del consumo total mientras en la agricultura se llega a más del 80%. Ahorrar parte del agua doméstica a través de actos neuróticos como introducir un ladrillo en la cisterna, lavarse compulsivamente o cerrar el grifo a la primera no sirven para nada pero forman parte de las conminaciones culpabilizadoras del ministerio.

LOS ECOLOGISTAS Y SUS PLATAFORMAS son maestros en este arte de la culpabilización y de ellos han aprendido diversas instituciones. Para los ecologistas echar al suelo una pila constituye un gran pecado y no se diga si se lanza a un río. El cambio climático ha logrado la naturaleza de un ser herido o clamante y lo mismo cabe pensar de los polos, del río Tajo y enclaves por el estilo. Todos martirizados por gentes sin escrúpulos (especuladores aparte) y a las que se infunde reiterados sentimientos de culpabilidad. La civilización nos hizo más libres pero su anverso ha sido convertirnos en reos. Pecadores crónicos de una segunda religión. Porque la Religión, ciertamente, nunca desaparece sino que se transforma. Como los hechiceros jamás abandonan su quehacer, sólo cambian sus disfraces.
Acariciábamos la idea de que habiéndose apagado el tronar divino, la vida se aligeraba de remordimientos pero el remordimiento también se recicla y reaparece en forma de una culpabilidad convertida en la pasta básica de una dialéctica social. Una sustancia básica y altamente pegajosa que, como en el caso del accidente valenciano, se transmuta en el núcleo primordial de la noticia, en la reiterada materia de los editoriales o las tertulias y en la psicopatía de la información. Siendo, en consecuencia, olvidado el formidable dolor de las familias, el cruel embate de la muerte súbita y, con todo ello, eludido de nuevo el obligado aprendizaje de la fatalidad.

dijous, 15 de juny del 2006

Avance: muere un loro en Londres*


La televisión es maestra en prospectiva, en profecías auto-cumplidas. Bajo su influencia cambiamos los hechos consumados por el placer de la anticipación: constantemente nos anuncia posibilidades, hechos que prometen grandeza, aunque luego no sucedan. Algo que también ocurre al informar sobre la gripe aviar, epidemia posmoderna por excelencia: ni siquiera el Sida, mucho más eficaz en su labor de arcángel mortífero, gozó de tanta anticipación noticiosa. La epidemia ocurre y no ocurre, se nos insinúa pero no llega; es como una media naranja perfecta: sabemos que existe, la soñamos… pero no nos duele, no nos mortifica.

De igual modo, la gripe aviar se ha hecho un lugar en los medios al servicio de nuestro afán inocuo de emociones y miedos en una sociedad que vive cada vez con mayor confort y necesita terrores sofisticados que amenacen su bienestar para apreciarlo. Apocalípticos de toda condición hacen sus cábalas en los informativos para determinar cuándo comenzará la masacre, en una muestra fehaciente de cómo los medios han tomado el relevo a la religión en el relato del Fin del Mundo.

Y es que la religión catódica se ha demostrado capaz de improvisar una narración escatológica más objetiva y cientifista que la cristiana, cuya lectura del signo de los tiempos ha fracasado sucesivamente en manos de San Juan, los Adventistas o los Testigos de Jehová.

Frente a los agoreros tradicionales, el relato aséptico non-stop de la CNN resulta imbatible, pues “la gran mayoría de interpretaciones del Apocalipsis presuponen que el fin está bastante próximo” y, en consecuencia, la información minuto a minuto es una gran ventaja, pues “es necesario revisar constantemente la alegoría histórica, por cuanto el tiempo le resta credibilidad” (Frank Kermode). Necesitamos un desenlace: somos seres narrativos.

Vivimos bajo el influjo de la religión cristiana, que “es la más ansiosa, la que ha colocado un mayor énfasis en el miedo a la muerte”. Y el relato televisado de la gripe aviar es una excelente catarsis. Las imágenes de entierros masivos de gallinas nos hacen presagiar el momento en que las aves serán sustituídas por hombres.

DAVID BARBA
, Culturas, La Vanguardia, 15/6/2006
* El 24 de octubre de 2005 el Reino Unido confirma la muerte de un loro infectado por virus HC51, episodio que desata la alarma por la gripe aviar.

divendres, 9 de juny del 2006

Los 10.000 mandamientos

VIKTOR FRANKL

Es bien conocida la distinción que ha establecido Maslow entre las necesidades inferiores y superiores. Según él, la satisfacción de las necesidades inferiores es ‘conditione sine quan non’ para poder satisfacer las superiores. Entre estas necesidades superiores enumera también la voluntad de sentido y llega tan lejos que la califica de “motivación primaria del hombre”. Maslow cree que las cosas ocurren de modo que el hombre sólo da a conocer su exigencia de su sentido de la vida cuando todo le va bien (“primero la comida, después la moral”, o, según el adagio latino, “primum vivere, deinde philosophare”).
Pero contra esta opinión, ocurre que nosotros (y no en último lugar nosotros los psiquiatras) tenemos ocasión de observar una y otra vez que la necesidad y la pregunta de un sentido de la vida llamea precisamente cuando todo va de mal en peor. Y así lo confirman tanto nuestros pacientes en su lecho de muerte como los supervivientes de los campos de concentración y de prisioneros de guerra.

En todo momento el ser humano apunta, por encima de sí mismo, hacia algo que no es él mismo, hacia algo o hacia un sentido que hay que cumplir, o hacia otro ser humano, a cuyo encuentro vamos con amor. Así pues, propiamente hablando, sólo puede realizarse a sí mismo en la medida que se pasa por alto a sí mismo.
¿No ocurre lo mismo con el ojo, cuya capacidad visiva depende de que no se ve a sí mismo? ¿Cuándo ve el ojo algo de sí? Sólo cuando está enfermo. Cuando padezco glaucoma veo una nube y entonces es cuando advierto la opacidad del cristalino. Cuando tengo un glaucoma veo un halo de colores del arco iris en torno a las fuentes luminosas. Pero en esta misma medida disminuye la capacidad de mi ojo para percibir el entorno.

Odio y amor son fenómenos humanos porque son intencionales, porque el hombre tiene siempre motivos para odiar algo y par amar a alguien. Mientras la investigación de la paz se limite a interpretar la agresividad como fenómeno subhumano y no extienda su análisis al fenómeno humano del “odio”, estará condenada a la esterilidad. El hombre no dejará de odiar sólo porque se le explique y se le convenza de que está dominado por impulsos y mecanismos. Este fatalismo ignora por completo que, cuando soy agresivo, no cuentan los mecanismos y los impulsos que hay en mí, que pueda haber en mi “ello”, sino que soy yo el que odio y que para esto no hay disculpas, sino responsabilidad.

En unos tiempos en que los diez mandamientos han perdido, al parecer, su vigencia para tantas personas, el hombre tiene que estar capacitado para percibir los 10.000 mandamientos encerrados en 10.000 situaciones con las que le confronta su vida. Y esto no sólo hace que la vida le parezca de nuevo plena de sentido, sino que él mismo se inmuniza contra el conformismo y el totalitarismo, estas dos secuelas del vacío existencial. Y es que sólo una conciencia despierta da al hombre capacidad de resistencia.

Sentido es, por tanto, el sentido concreto en una situación determinada. Es siempre “el requerimiento del momento”.

VIKTOR FRANKL, Ante el vacío existencial. Hacia una humanización de la psicoterapia, 1977